Tale # 40 Roerich N.K. (Part 3)
Roerich N.K. – Tale # 40
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Roerich estaba muy enamorado de la naturaleza, lo que afectaba a su obra y a sus palabras. Solía decir: "¡Mantén la sencillez y ama la naturaleza!". Este amor por todas las fuerzas de la naturaleza se puede ver en cada uno de sus cuadros. Este cuadro representa un paisaje de aspecto muy sencillo, que se vuelve más complejo cuanto más se mira. Te hace pensar en algo propio mientras mantienes la mirada en la mágica vista que se abre. El primer plano muestra un gran montículo de piedras.
Una descripción del cuadro de Nikolai Roerich "El cuento de hadas"
Roerich estaba muy enamorado de la naturaleza, lo que afectaba a su obra y a sus palabras. Solía decir: "¡Mantén la sencillez y ama la naturaleza!". Este amor por todas las fuerzas de la naturaleza se puede ver en cada uno de sus cuadros. Este cuadro representa un paisaje de aspecto muy sencillo, que se vuelve más complejo cuanto más se mira. Te hace pensar en algo propio mientras mantienes la mirada en la mágica vista que se abre.
El primer plano muestra un gran montículo de piedras. Lo más probable es que se trate de una roca natural, como si hubiera sido ensamblada por las manos de enormes gigantes. Muchas rocas enormes, apiladas unas sobre otras, forman una colina de color gris oscuro. En la cima de esta elevación, brotaron varios árboles achaparrados pero increíblemente resistentes. Cada uno de ellos había pasado por muchas dificultades para evitar morir en este duro terreno rocoso. Hay un pequeño brote en la distancia de los árboles supervivientes. Es difícil saber si se trata de un brote fresco o de un tocón roto de un árbol que ya existía, pero llama la atención.
Delante de la roca se extiende un claro verde-amarillo que recuerda al otoño con su hierba verde-dorada. A lo lejos hay un gran árbol que parece un gigante comparado con las plantas que crecen en la roca. Más lejos, más allá del árbol, hay una vista del mar, ligeramente iluminada por el sol poniente. La bahía, que en algún punto del horizonte es azul oscuro, más cerca de la orilla es rosa y blanca. Y el cielo por encima de todo es de un rosa suave, prístino, como el comienzo de un buen cuento de hadas.
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La paleta cromática se caracteriza por tonos suaves y apagados: verdes terrosos en la vegetación, azules pálidos en el agua y un rosa-lila sutil en el cielo. Esta elección de colores contribuye a una sensación general de serenidad y melancolía. La luz, aunque tenue, parece emanar del disco lunar que se alza sobre el horizonte, proyectando una luminosidad fantasmal sobre la escena.
El autor ha empleado una técnica pictórica que enfatiza las formas geométricas y simplificadas. Las rocas no son representadas con detalle naturalista, sino como bloques angulares que definen el contorno del terreno. Esta abstracción estilística sugiere una intención de trascender la mera representación visual para evocar un estado emocional o espiritual.
En cuanto a los subtextos, se puede interpretar esta pintura como una reflexión sobre la soledad y la inmensidad de la naturaleza. La palmera aislada en la cima del acantilado simboliza quizás la resistencia individual frente a las fuerzas abrumadoras del entorno. El mar, vasto e indomable, representa lo desconocido y el misterio. La presencia del disco lunar, con su luz etérea, podría aludir a un mundo más allá de la realidad tangible, una esfera de sueños o recuerdos.
El paisaje, aunque aparentemente tranquilo, transmite una sutil tensión entre la solidez de las rocas y la fluidez del agua, entre lo terrenal y lo celestial. La composición invita a la introspección y a la contemplación de los ciclos naturales y el paso del tiempo. Se percibe un anhelo por la trascendencia, una búsqueda de significado en la inmensidad del universo.