Temple Naggar Roerich N.K. (Part 3)
Roerich N.K. – Temple Naggar
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Ubicación: Collection Joe Dzhagoda. USA.Dallas
Nicholas Roerich pasó muchos años con su familia en expediciones por el este de Eurasia. Visitaron muchos países: India, Tíbet, China, Mongolia. Pero no fueron los paisajes urbanos los que más conmovieron al artista, sino la naturaleza. La obra "El Templo de Naggar" es una celebración del arte hecho por el hombre y de la naturaleza. En esta obra, vemos un gran templo rodeado de montañas. Para los seguidores del hinduismo, este lugar es un santuario venerado.
Descripción del cuadro "El templo de Naggar" de Nicholas Roerich
Nicholas Roerich pasó muchos años con su familia en expediciones por el este de Eurasia. Visitaron muchos países: India, Tíbet, China, Mongolia. Pero no fueron los paisajes urbanos los que más conmovieron al artista, sino la naturaleza. La obra "El Templo de Naggar" es una celebración del arte hecho por el hombre y de la naturaleza.
En esta obra, vemos un gran templo rodeado de montañas. Para los seguidores del hinduismo, este lugar es un santuario venerado. Perdido en lo más profundo de las montañas, el templo Tripura Sundari le parecerá una auténtica joya a cualquier peregrino. Está situada en la pequeña ciudad de Naggar, en el norte de la India. Roerich ha representado a Tripura Sundari como si la viéramos desde una alta montaña. Esta montaña no es visible, pero desde ella podemos ver todos los detalles del templo hindú.
La estructura consta de un tejado puntiagudo de tres niveles. Esta forma de erigir templos es muy común en la India. Alrededor del edificio vemos varias casas más pequeñas, probablemente habitadas por monjes locales. Todas las casas y el templo están rodeados por una alta valla.
Pero no es sólo la valla la que protege el templo. Los principales guardianes son los majestuosos Himalayas. Roerich viajó mucho por las montañas durante sus expediciones. El Himalaya se convirtió en su lugar favorito y en una eterna fuente de inspiración. Detrás del templo hay una alta cordillera. El artista optó por utilizar una gama de colores excepcionalmente fría al trabajar en este cuadro.
Es difícil saber qué hora del día ha representado el artista. A primera vista, puede parecer que está anocheciendo. El sol ya se ha puesto bajo el horizonte, pero las montañas aún conservan su carga de calor solar y brillan por dentro. Pero esta impresión es engañosa. Si te fijas bien, puedes ver las montañas blancas como la nieve en el fondo brillando bajo el sol. Las cumbres nevadas reflejan la luz y aportan colores vivos a la obra. El artista debió representar una mañana anterior, cuando el sol había aparecido en el cielo apenas un par de horas antes. Algunos de sus rayos ya han iluminado la cordillera, pero el pequeño templo, situado en una montaña baja, aún no ha recibido la luz que merece.
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En primer plano, una edificación de arquitectura peculiar se asienta sobre una elevación rocosa. Su estructura piramidal, coronada por una cruz, contrasta con la horizontalidad del paisaje circundante. La construcción parece estar integrada en el terreno, como si hubiera surgido naturalmente de la roca misma. Los volúmenes son geométricos y repetitivos, creando un efecto de orden y estabilidad que se opone a la inmensidad salvaje de las montañas.
La perspectiva es marcada; las montañas se presentan con una profundidad considerable, acentuada por el uso del color para indicar distancia. Las cumbres más lejanas aparecen deslavadas y casi translúcidas, mientras que las cercanas exhiben detalles más definidos. Esta técnica intensifica la sensación de escala y enfatiza la pequeñez de la edificación en comparación con el entorno natural.
La pintura transmite una serie de subtextos relacionados con la espiritualidad, la soledad y la resistencia. La ubicación de la edificación en un lugar tan remoto e inaccesible sugiere un refugio, un santuario apartado del mundo exterior. El contraste entre la solidez de la construcción y la fragilidad del entorno natural puede interpretarse como una metáfora de la fe humana frente a las fuerzas implacables de la naturaleza. La paleta fría y distante contribuye a una atmósfera contemplativa y melancólica, invitando al espectador a reflexionar sobre temas trascendentales. La composición, en su conjunto, evoca un sentimiento de quietud y permanencia, como si el tiempo se hubiera detenido en este lugar aislado.