Willard Leroy Metcalf – waning summer 1916
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La paleta cromática es rica en tonos cálidos: ocres, amarillos dorados y rojos anaranjados predominan en el suelo y en las hojas que aún se aferran a algunas ramas bajas. Esta gama sugiere un momento de declive, la culminación del verano y el inicio del otoño. El cielo, de un azul intenso y despejado, contrasta con los tonos terrosos de la vegetación, acentuando la luminosidad general de la composición.
La técnica pictórica parece caracterizarse por pinceladas sueltas y vibrantes, que sugieren una atmósfera luminosa y aireada. La aplicación del color no es uniforme; se aprecia una mezcla de texturas y tonos que contribuyen a la sensación de movimiento y vitalidad, incluso en un contexto de decadencia. La luz parece filtrarse entre los árboles, creando destellos y sombras que animan la escena.
Más allá de la representación literal de un paisaje otoñal, la pintura evoca una reflexión sobre el paso del tiempo y la naturaleza cíclica de la vida. La presencia de los álamos, con su corteza blanca y sus ramas esbeltas, podría simbolizar la fragilidad y la belleza efímera. El contraste entre el cielo azul y la vegetación en declive sugiere una dualidad entre esperanza y melancolía, entre la promesa de un nuevo comienzo y la aceptación del final inevitable. La ausencia de figuras humanas refuerza la sensación de soledad y contemplación, invitando al espectador a sumergirse en la atmósfera serena y reflexiva del paisaje. Se intuye una cierta quietud, una pausa antes del invierno.