Petrus Christus – THE LAST JUDGEMENT, GEMALDEGALERIE, STAATLICHE MUSE
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La composición se articula en torno a una estructura vertical marcada, dividida conceptual y visualmente en tres zonas bien diferenciadas. En la cúspide, Cristo preside la escena desde un trono rodeado de una multitud de figuras aladas, presumiblemente ángeles o almas redimidas. Su postura es solemne, con una expresión que denota autoridad divina y juicio final. La luz incide sobre su figura, resaltándola como el punto focal principal del conjunto.
Debajo, en un plano intermedio, se observa una figura central imponente: un guerrero alado, ataviado con armadura y portando una cruz, que parece estar combatiendo a una criatura infernal grotesca. La dinámica de esta confrontación es palpable; el guerrero proyecta fuerza y determinación, mientras que la bestia encarna el caos y la derrota. A sus pies, un cráneo humano subraya la inevitabilidad de la muerte y la fragilidad de la existencia terrenal.
La parte inferior del cuadro se sumerge en una representación apocalíptica del infierno. Se aprecia una multitud de almas atormentadas, arrastradas a las profundidades por demonios monstruosos. El ambiente es opresivo, con colores oscuros y violentos que intensifican la sensación de sufrimiento eterno. La disposición caótica de las figuras y la ausencia de esperanza contribuyen a crear un panorama desolador.
La pintura plantea una reflexión sobre el destino del alma humana tras la muerte. Se sugiere una dicotomía clara entre salvación y condenación, con el guerrero alado representando la defensa de la fe y la lucha contra el mal. La presencia del cráneo sirve como memento mori, recordatorio constante de la mortalidad y la necesidad de buscar la redención.
El uso de la luz es significativo; ilumina a Cristo y al guerrero, simbolizando la divinidad y la virtud, mientras que las zonas inferiores permanecen sumidas en una penumbra amenazante. La composición vertical acentúa la jerarquía celestial y el descenso hacia el infierno. El detalle en los rostros de las figuras, tanto en los ángeles como en los condenados, revela una profunda exploración psicológica del miedo, la esperanza y el arrepentimiento. En definitiva, la obra transmite un mensaje moralizante sobre la importancia de la fe y la necesidad de evitar el pecado para alcanzar la salvación eterna.