On the boulevard Vladimir Makovsky (1846-1920)
Vladimir Makovsky – On the boulevard
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Pintor: Vladimir Makovsky
Ubicación: The State Tretyakov Gallery, Moscow (Государственная Третьяковская галерея).
Vladimir Makovsky abordó en su cuadro de 1877 En el bulevar uno de los problemas más agudos de la Rusia de la época, que ahora puede parecer lejano e irrelevante, pero que a sus contemporáneos debió parecerles bastante típico. El problema central del cuadro era el éxodo de los campesinos a la ciudad para ganar dinero. El sostén de la familia se vio obligado a abandonarla: padres, esposa, hijos; la vida sin ellos se vio alterada, los lazos de parentesco se debilitaron e incluso desaparecieron, y los fundamentos habituales del mundo de la aldea se desmoronaron, al igual que el mundo patriarcal. En En el bulevar, los personajes principales son una esposa que ha venido a ver a su joven marido a Moscú, y el propio marido que, como muchos otros, ha ido a la ciudad a ganar dinero y ha cambiado hasta quedar irreconocible.
Descripción del cuadro de Vladimir Makovsky En el bulevar
Vladimir Makovsky abordó en su cuadro de 1877 En el bulevar uno de los problemas más agudos de la Rusia de la época, que ahora puede parecer lejano e irrelevante, pero que a sus contemporáneos debió parecerles bastante típico.
El problema central del cuadro era el éxodo de los campesinos a la ciudad para ganar dinero. El sostén de la familia se vio obligado a abandonarla: padres, esposa, hijos; la vida sin ellos se vio alterada, los lazos de parentesco se debilitaron e incluso desaparecieron, y los fundamentos habituales del mundo de la aldea se desmoronaron, al igual que el mundo patriarcal.
En En el bulevar, los personajes principales son una esposa que ha venido a ver a su joven marido a Moscú, y el propio marido que, como muchos otros, ha ido a la ciudad a ganar dinero y ha cambiado hasta quedar irreconocible. Este cambio en el comportamiento de su marido sorprendió y entristeció a la joven, que había llegado a Moscú esperando compartir todo lo que había acumulado con su marido. Sin embargo, cuando llega al bulevar y se sienta en el banco parece no darse cuenta de su amada.
La vida de la ciudad se ha apoderado de él: aquí está, fatigado y achispado, holgazaneando imponentemente, tocando el acordeón sin pensar en nada ni en nadie más que en sí mismo y en su apariencia. Está rubicundo y satisfecho de sí mismo, lo que no puede decirse de su mujer: entristecida por los cambios irreparables, está encorvada y mira hacia otro lado con desesperación. Tal vez se avergüence de su amado, tal vez se arrepienta de la pérdida de su alma gemela, y ciertamente es muy duro para ella darse cuenta de que ya no es útil para este hombre. Todo el cuadro se desarrolla sobre el fondo de un paisaje urbano otoñal: árboles con hojas caídas, un cielo gris y tejados de casas con pequeñas manchas de nieve; lo que le añade dramatismo.
Pequeño en tamaño y tema, el lienzo ha absorbido muchos de los pensamientos, experiencias y observaciones del artista. Sí, el cuadro es algo irrelevante hoy en día, pero eso no impide que uno sienta su mensaje y su simpatía por las chicas de aquella época que se encontraban en una situación similar, así como por sus familias.
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En primer plano, dos figuras centrales ocupan un banco: una mujer vestida con ropas oscuras adornadas con detalles rojos y un hombre joven que toca un instrumento de cuerda, posiblemente una bandurria o acordeón diatónico. La expresión del hombre es intensa, concentrada en su ejecución musical; la mujer parece absorta en la melodía, aunque su postura sugiere una cierta resignación o melancolía. La luz tenue ilumina sus rostros y vestimentas, resaltando los detalles de las texturas y creando un ambiente de introspección.
El suelo está cubierto de hojas secas, lo que refuerza la sensación de temporalidad y declive estacional. A lo lejos, se vislumbra una cúpula dorada, probablemente perteneciente a una iglesia o catedral, que aporta un elemento de trascendencia espiritual al conjunto. A la derecha, otros personajes –un hombre con abrigo y una niña vestida de oscuro– observan la escena desde la distancia, integrándose en el flujo de la vida urbana.
La composición sugiere una reflexión sobre la condición humana, la pobreza y la búsqueda de consuelo en medio de la adversidad. La música, interpretada por el joven, parece ofrecer un breve escape de las preocupaciones cotidianas. El contraste entre la alegría efímera de la melodía y la atmósfera sombría del entorno crea una tensión subyacente que invita a la contemplación. El autor ha logrado plasmar no solo una imagen visual, sino también una evocación emocional de un momento fugaz en el tiempo, donde la belleza se encuentra entrelazada con la tristeza y la esperanza. La disposición de los personajes y su interacción con el entorno sugieren una narrativa silenciosa sobre la vida en la ciudad y las relaciones humanas.