Hans Memling – 26vani1
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En el panel izquierdo, la figura central es una representación esquelética de la Muerte. El personaje avanza con paso firme sobre una losa o plataforma, sosteniendo un pergamino enrollado. La presencia del esqueleto desnudo, desprovisto de cualquier atributo que lo identifique individualmente, simboliza la universalidad de la muerte y su inevitabilidad para todos los seres humanos. Un pequeño roedor, posiblemente un ratón, se encuentra a sus pies, acentuando el simbolismo de la decadencia y la transitoriedad de la vida terrenal. La inscripción en el pergamino, aunque ilegible en detalle, refuerza la idea de una advertencia o mensaje relacionado con el destino final.
El panel central introduce un personaje femenino que se observa a sí misma en un espejo de mano. La figura está desnuda, lo cual puede interpretarse como una representación de la vanidad y la preocupación por la apariencia física. El entorno natural, con su paisaje boscoso, contrasta con la frialdad del panel izquierdo, sugiriendo quizás una distracción temporal de las preocupaciones existenciales. La presencia de un perro a sus pies podría simbolizar la fidelidad o, alternativamente, la lealtad a los placeres mundanos. La escena evoca una reflexión sobre el narcisismo y la fugacidad de la belleza física.
Finalmente, en el panel derecho, se observa una representación demoníaca en medio de un fuego infernal. La criatura exhibe rasgos grotescos y amenazantes, con una expresión de furia o malicia. El fuego que lo rodea simboliza el infierno y las consecuencias del pecado. Una banda o cinta alrededor de su cuello lleva inscripciones que parecen ser invocaciones o proclamas relacionadas con la condenación. Este panel sirve como una advertencia visual sobre los peligros de desviarse del camino virtuoso y las posibles repercusiones en la vida eterna.
En conjunto, el tríptico parece ofrecer una meditación sobre la mortalidad, la vanidad y la redención. La secuencia narrativa progresa desde la inevitabilidad de la muerte hasta la tentación de los placeres mundanos y, finalmente, a la amenaza del castigo divino. La composición, con su contraste entre la oscuridad y la luz, el esqueleto y la figura femenina, el fuego infernal y el paisaje boscoso, contribuye a crear una atmósfera de tensión moral y espiritual que invita a la reflexión sobre la condición humana.