Utagawa Kuniyoshi – Imperial wardens sitting by their watch fire
Ubicación: Private Collection
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En ambas escenas, las figuras centrales, ataviadas con ropas formales y sombreros distintivos, están sentadas en seiza (posición tradicional japonesa de rodillas dobladas), lo que sugiere respeto y formalidad. El fuego, suspendido sobre ellos por un armazón metálico, actúa como punto focal visual y simbólico; su humo asciende hacia el cielo, difuminando los contornos del entorno y creando una atmósfera ligeramente misteriosa. La presencia de recipientes colgados cerca de las figuras podría indicar la preparación o consumo de algún tipo de bebida caliente, posiblemente para combatir el frío o mantenerlos despiertos durante su guardia.
La estructura arquitectónica en segundo plano, aunque fragmentada, sugiere un edificio de importancia, quizás un templo o una residencia oficial. La presencia de pancartas con caracteres escritos (probablemente texto informativo o poético) añade una capa de complejidad a la interpretación, aludiendo a una narrativa más amplia que trasciende la simple representación de una guardia.
La paleta de colores es notablemente contrastada. En una de las escenas, el cielo se presenta en tonos azules y blancos, sugiriendo claridad y serenidad. En la otra, predomina un tono rojizo intenso, posiblemente indicando calor o incluso una atmósfera más tensa o preocupante. Esta variación cromática podría simbolizar diferentes estados de ánimo, momentos del día o incluso perspectivas contrastantes sobre el mismo evento.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de vigilancia, deber y la relación entre el hombre y la naturaleza. La postura formal de las figuras sugiere una jerarquía social y un sentido de responsabilidad hacia su tarea. El entorno natural, con su árbol frondoso y su estructura arquitectónica imponente, evoca una sensación de permanencia y tradición. El fuego, como símbolo primordial, puede representar tanto el calor y la vida como también la destrucción y el peligro latente. La dualidad presentada en las dos escenas invita a la reflexión sobre la naturaleza cíclica del tiempo y la persistencia del deber incluso en circunstancias cambiantes. Se intuye una atmósfera de quietud tensa, donde la rutina se mezcla con una posible amenaza invisible.