Beryl Cook – B20 Butchers
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Los dos hombres, vestidos con delantales blancos sobre camisas oscuras, ocupan el plano central. Sus rostros, ligeramente exagerados, transmiten una expresión que mezcla profesionalismo con cierta indulgencia, casi como si estuvieran complaciendo a la mujer que les atiende. Uno de ellos presenta un corte de carne con gesto servicial, mientras que el otro continúa trabajando tras la barra. La disposición de los cuerpos sugiere una jerarquía: los carniceros dominan visualmente la escena, controlando el acceso al producto y estableciendo una dinámica de poder sutil.
La mujer, ataviada con un abrigo rojo y un sombrero verde, se presenta como figura central en la interacción. Su rostro es sereno, casi inexpresivo, lo que invita a interpretar su presencia más allá de una simple transacción comercial. El niño, envuelto en un gorro tejido, observa la escena con curiosidad, su mirada dirigida hacia los carniceros y la carne expuesta. La cesta que lleva consigo sugiere una compra cotidiana, pero también podría simbolizar las necesidades básicas del hogar.
El fondo está ocupado por una serie de objetos: enormes piezas de cerdo colgando del techo, estantes repletos de carne cortada en diferentes formas y tamaños, y un letrero parcialmente visible. Estos elementos contribuyen a la atmósfera de abundancia y prosperidad que caracteriza el lugar. La iluminación es uniforme, sin sombras marcadas, lo que acentúa la sensación de artificialidad y teatralidad.
Más allá de la representación literal de una carnicería, esta pintura parece explorar temas relacionados con la clase social, las relaciones interpersonales y la rutina diaria. El contraste entre los personajes –los trabajadores manuales y la clientela– sugiere una reflexión sobre las diferencias económicas y sociales que definen el mundo moderno. La expresión contenida en los rostros de los personajes invita a considerar las motivaciones ocultas detrás de sus acciones, insinuando una complejidad emocional que trasciende la superficie de la escena. El uso del color y la composición contribuyen a crear una atmósfera ambigua, donde la familiaridad se mezcla con un sutil sentimiento de inquietud.