Beryl Cook – A22 Dog in the Dolphin
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En primer plano, dos mujeres ocupan un banco o asiento elevado. La figura de la izquierda, con cabello rojizo y vestida con un atuendo púrpura, sostiene una cigarrería entre sus dedos y observa hacia la otra mujer. Esta última, ataviada con un chaleco a cuadros, parece estar absorta en su propio mundo, con una expresión que oscila entre la indiferencia y la melancolía. La proximidad física de las dos mujeres sugiere una relación íntima, aunque la falta de contacto visual o interacción verbal introduce una nota de distancia emocional.
Un perro, de raza indeterminada pero con un collar distintivo, se encuentra situado en el primer plano, mirando directamente al espectador con una expresión que podría interpretarse como curiosidad o expectación. Su presencia inusual en este contexto social añade un elemento de extrañeza y desestabiliza la normalidad aparente de la escena.
En el fondo, una multitud de personas se agolpa alrededor de mesas y barras. Sus rostros son difíciles de discernir con claridad, pero sugieren una variedad de emociones: desde la risa despreocupada hasta la contemplación silenciosa. La disposición de estas figuras crea una sensación de movimiento y dinamismo, contrastando con la quietud relativa de las dos mujeres en primer plano.
El uso del color es notable. El rojo dominante del suelo y los detalles púrpura y blanco de la vestimenta crean un contraste visual que atrae la atención hacia los personajes principales. La paleta cromática general, aunque no vibrante, contribuye a una sensación de pesadez y melancolía.
Subtextualmente, la obra podría interpretarse como una reflexión sobre la soledad en medio de la multitud, la incomunicación interpersonal y la búsqueda de conexión humana. La presencia del perro, un animal tradicionalmente asociado con la lealtad y la compañía, podría simbolizar el anhelo por afecto genuino o la incapacidad para encontrarlo en las relaciones humanas. La escena evoca una atmósfera de introspección y melancolía, invitando al espectador a reflexionar sobre los aspectos más complejos de la experiencia humana. La composición vertical acentúa la sensación de encierro y observación, como si el espectador fuera un testigo silencioso de esta interacción social peculiar.