Yoshitaka Amano – lrs Amano Yoshitaka Goblins
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La figura femenina se erige en el centro, vestida con un largo vestido que fluye en suaves volantes rosados y anaranjados. Su postura es formal, casi rígida, con las manos entrelazadas frente a ella, lo que transmite una sensación de vulnerabilidad o resignación ante la multitud de seres que la rodean. Su rostro, pálido y sereno, contrasta fuertemente con la naturaleza salvaje y amenazante de los goblins. La luz incide sobre su figura, resaltando su blancura y separándola visualmente del resto de la composición.
Los goblins, en cambio, son una masa caótica de formas distorsionadas y expresiones burlonas. Se agolpan alrededor de ella, algunos levitando en el aire, otros reptando por el suelo. Sus rostros exhiben muecas grotescas, con dientes afilados y ojos brillantes que sugieren malicia o curiosidad morbosa. La diversidad en sus apariencias – algunas más bestiales, otras más humanoides – contribuye a la sensación de un mundo poblado por criaturas incontrolables y fantásticas.
Un objeto oscuro e impreciso, posiblemente una parte de una máquina o vehículo, se encuentra en el extremo derecho de la composición. Su presencia introduce un elemento de modernidad o industrialización que choca con la atmósfera mítica y onírica del resto de la escena. Podría interpretarse como una intrusión de lo artificial en un mundo natural corrompido.
La pintura plantea interrogantes sobre la relación entre la belleza y la fealdad, la civilización y el caos, la inocencia y la corrupción. La figura femenina podría representar a la humanidad, expuesta a las fuerzas primarias e incontrolables que habitan en su interior o en el mundo exterior. Los goblins podrían simbolizar los instintos más bajos, los miedos ancestrales o incluso una crítica a la decadencia moral. La yuxtaposición de elementos fantásticos y modernos sugiere una reflexión sobre la condición humana en un mundo cada vez más complejo e incierto. La quietud de la mujer frente al torbellino de criaturas genera una tensión palpable que invita a la contemplación sobre el poder, la vulnerabilidad y la naturaleza del mal.