Rembrandt Harmenszoon Van Rijn – Selfportrait
Ubicación: National Museum (Nationalmuseum), Stockholm.
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El uso de la luz es fundamental para comprender el efecto general. Una fuente lumínica, probablemente proveniente del lado izquierdo fuera del campo visual, ilumina parcialmente el rostro y el cuello, dejando el resto de la figura sumido en una penumbra densa. Esta técnica, característica del artista, acentúa los volúmenes faciales, resaltando las sombras que definen sus pómulos, su nariz y su barbilla. La luz también enfatiza la textura de su cabello, un torbellino oscuro y desordenado que contribuye a una sensación de vitalidad y quizás, de cierta inquietud.
La vestimenta es discreta: un cuello abotonado de encaje blanco sobre una túnica oscura, posiblemente de terciopelo o lana. El sombrero, también negro, se inclina ligeramente hacia adelante, cubriendo parcialmente la frente y añadiendo a la atmósfera de misterio que rodea al retratado.
Más allá de la representación física, esta pintura sugiere una exploración psicológica del propio artista. La mirada baja puede interpretarse como un signo de humildad o arrepentimiento, pero también podría indicar una profunda concentración en el mundo interior. El contraste entre la luz y la sombra no solo modela el rostro, sino que también simboliza las dualidades inherentes a la condición humana: la alegría y la tristeza, la esperanza y la desesperación, la luz y la oscuridad. La sencillez de los elementos presentes refuerza la impresión de una honestidad brutal, un intento de capturar la esencia del ser en su complejidad. La pintura no busca halagar ni idealizar; más bien, ofrece una visión sincera y conmovedora de un individuo confrontado consigo mismo.