Chardin, Jean-Baptiste Simeon – Panier de raisins blancs et noirs avec un goblet d’argent et une bouteille, des peches, des prunes et une poire-Fruit basket with grapes, a silver goblet and a bottle, peaches, plums and a pear.Before 1728 Canvas, 69 x 58 cm M.I.1044 Part 1 Louvre
Part 1 Louvre – Chardin, Jean-Baptiste Simeon -- Panier de raisins blancs et noirs avec un goblet d’argent et une bouteille, des peches, des prunes et une poire-Fruit basket with grapes, a silver goblet and a bottle, peaches, plums and a pear.Before 1728 Canvas, 69 x 58 cm M.I.1044
Aquí se presenta una composición de naturaleza muerta que concentra la atención en un conjunto de objetos cotidianos dispuestos sobre una superficie horizontal. La iluminación, tenue y difusa, modela las formas con sutiles gradaciones tonales, creando una atmósfera de quietud y contemplación. El elemento central es una cesta de mimbre rebosante de uvas blancas y negras, que se despliega hacia el espectador, invitándolo a observar la abundancia de la cosecha. A su alrededor, se distribuyen otras frutas: melocotones con sus tonos anaranjados, ciruelas de un púrpura profundo y una pera de color verdoso, cada una capturada en su particular estado de madurez. Un cáliz de plata reluce a la luz, reflejando destellos que acentúan su textura pulida. Junto a él, una botella de vidrio oscuro se alza con elegancia, su tapón visible como un punto focal. Una manzana, situada en primer plano y ligeramente fuera del eje central, introduce una nota de asimetría que dinamiza la composición. El fondo, tratado con pinceladas rápidas y expresivas, sugiere una pared de ladrillo o piedra, desprovista de detalles ornamentales. Esta simplicidad contextual refuerza el protagonismo de los objetos en primer plano, eliminando distracciones innecesarias. La paleta cromática es restringida, dominada por tonos terrosos, ocres y grises, con toques de color aportados por las frutas y la plata. Más allá de una mera representación de objetos, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la belleza efímera de la naturaleza. La disposición aparentemente casual de los elementos invita a una lectura simbólica: la cesta llena de frutos podría aludir a la generosidad de la tierra, mientras que el cáliz de plata evoca un cierto refinamiento y disfrute sensorial. La presencia de frutas maduras sugiere también la inevitabilidad del deterioro y la transitoriedad de la existencia. La técnica pictórica, con su énfasis en la observación minuciosa de las texturas y los efectos lumínicos, revela una profunda sensibilidad por el mundo material y una habilidad excepcional para capturar su esencia. Se intuye un interés no tanto en la ostentación o la grandiosidad, sino en la belleza que reside en lo simple y lo cotidiano.
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Chardin, Jean-Baptiste Simeon -- Panier de raisins blancs et noirs avec un goblet d’argent et une bouteille, des peches, des prunes et une poire-Fruit basket with grapes, a silver goblet and a bottle, peaches, plums and a pear.Before 1728 Canvas, 69 x 58 cm M.I.1044 — Part 1 Louvre
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El elemento central es una cesta de mimbre rebosante de uvas blancas y negras, que se despliega hacia el espectador, invitándolo a observar la abundancia de la cosecha. A su alrededor, se distribuyen otras frutas: melocotones con sus tonos anaranjados, ciruelas de un púrpura profundo y una pera de color verdoso, cada una capturada en su particular estado de madurez. Un cáliz de plata reluce a la luz, reflejando destellos que acentúan su textura pulida. Junto a él, una botella de vidrio oscuro se alza con elegancia, su tapón visible como un punto focal. Una manzana, situada en primer plano y ligeramente fuera del eje central, introduce una nota de asimetría que dinamiza la composición.
El fondo, tratado con pinceladas rápidas y expresivas, sugiere una pared de ladrillo o piedra, desprovista de detalles ornamentales. Esta simplicidad contextual refuerza el protagonismo de los objetos en primer plano, eliminando distracciones innecesarias. La paleta cromática es restringida, dominada por tonos terrosos, ocres y grises, con toques de color aportados por las frutas y la plata.
Más allá de una mera representación de objetos, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre la fugacidad del tiempo y la belleza efímera de la naturaleza. La disposición aparentemente casual de los elementos invita a una lectura simbólica: la cesta llena de frutos podría aludir a la generosidad de la tierra, mientras que el cáliz de plata evoca un cierto refinamiento y disfrute sensorial. La presencia de frutas maduras sugiere también la inevitabilidad del deterioro y la transitoriedad de la existencia. La técnica pictórica, con su énfasis en la observación minuciosa de las texturas y los efectos lumínicos, revela una profunda sensibilidad por el mundo material y una habilidad excepcional para capturar su esencia. Se intuye un interés no tanto en la ostentación o la grandiosidad, sino en la belleza que reside en lo simple y lo cotidiano.