Raquel Forner – #11900
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El tronco, cubierto de protuberancias y formas orgánicas ambiguas, parece ser tanto soporte como elemento perturbador. De sus grietas brotan frutos – uvas, granadas, manzanas – que sugieren una abundancia corrompida o una promesa incumplida. La criatura que se alza sobre el tronco posee un semblante deformado, casi demoníaco, con ojos hundidos y una expresión de amenaza latente. El gesto del hombre, extendiendo la mano hacia ella en una mezcla de ofrecimiento y repulsión, intensifica la atmósfera de conflicto y ambigüedad moral.
La paleta cromática es deliberadamente limitada, predominando los ocres, marrones y rojos que contribuyen a crear un ambiente opresivo y claustrofóbico. La pincelada es vigorosa y expresiva, con trazos gruesos y empastados que acentúan la textura de las superficies y transmiten una sensación de inestabilidad emocional.
Más allá de la representación literal, esta pintura parece explorar temas como el encuentro entre lo humano y lo sobrenatural, la lucha contra fuerzas oscuras internas o externas, y la fragilidad de la condición humana frente a lo desconocido. El simbolismo de los frutos podría aludir a tentaciones, pecados originales o una pérdida de inocencia. La relación entre el hombre y la criatura es particularmente intrigante; ¿es un pacto, una confrontación, o una búsqueda desesperada de redención? La obra invita a la reflexión sobre la naturaleza del mal, la fe y la capacidad humana para resistir la tentación. El uso de la luz, tenue y dirigida principalmente hacia el rostro del hombre, acentúa su vulnerabilidad y su carga emocional.