Ostrouhov Ilya – the first greens 900 Classic russian paintings
Ostrouhov Ilya - the first greens
Editar atribución
Descargar a tamaño completo: 2045×1400 px (1,7 Mb)
Volver al álbum: 900 Classic russian paintings
Desde la infancia, Ilya Semenovich Ostroukhov tuvo un gran interés por la flora y la fauna. Día tras día recogía y coleccionaba hallazgos insólitos de la naturaleza. Sólo cuando era estudiante, Ostroukhov tomó el pincel y pintó sus primeros paisajes, que como naturalista pudo encontrar. El artista siguió el ejemplo de Repin, Shishkin, pero no aspiró a repetirlos. Sin dramatismos ni melancolías, creó cuadros naturales, llenos de vida y alma. Muchos artistas y poetas se esforzaron por transmitir la belleza de su tierra natal.
Descripción del cuadro de Ilya Ostroukhov El primer verde
Desde la infancia, Ilya Semenovich Ostroukhov tuvo un gran interés por la flora y la fauna. Día tras día recogía y coleccionaba hallazgos insólitos de la naturaleza. Sólo cuando era estudiante, Ostroukhov tomó el pincel y pintó sus primeros paisajes, que como naturalista pudo encontrar.
El artista siguió el ejemplo de Repin, Shishkin, pero no aspiró a repetirlos. Sin dramatismos ni melancolías, creó cuadros naturales, llenos de vida y alma.
Muchos artistas y poetas se esforzaron por transmitir la belleza de su tierra natal. En la imagen podemos reconocer con facilidad la naturaleza de los suburbios. Mezcla todo lo que caracteriza a Rusia, su belleza natural. La primavera acaba de anunciar su llegada con el primer verde de las hierbas y las hojas, que todavía están un poco amarillentas. En lugar de la amarga helada con notas de tristeza, llega la alegría de la nueva vida.
Sólo quedan visibles los troncos desnudos de los abedules, álamos y abetos de este bosque mixto. El agua transmite al espectador no sólo la tranquilidad del despertar de la naturaleza, sino también un recordatorio de que el verano aún no ha llegado y el frío aún no se ha retirado. Uno tiene la sensación de que el hombre en medio de este mundo no es más que un espectador, capaz sólo de observar y maravillarse ante la plenitud de la vida y las maravillas de la naturaleza.
El cuadro representa un paisaje tradicionalmente ruso, donde la mañana es fresca y tranquila. El sol ya está tocando la hierba y las hojas. La nieve se ha ido y el río empieza a llenarse, pero todavía se pueden ver pequeñas islas de tierra, donde los brotes se abren paso en puntos apenas perceptibles.
Ya se han tejido nidos en las ramas de los árboles para que sirvan de hogar a las aves. Entre la hierba se pueden ver algunos trazos de color que significan flores.
El artista utiliza pocas flores, pero transmite plenamente los sentimientos que él mismo experimentó al ver esta belleza. La sencillez y la naturalidad son las principales características de este cuadro, que ocupa un lugar nada despreciable en la galería rusa.
Кому понравилось
Пожалуйста, подождите
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Necesitas iniciar sesión
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).



















Comentarios: 2 Ответы
Прекрасная картина!
очень красивая картина
No se puede comentar Por qué?
En la margen derecha, el terreno asciende abruptamente, configurando una pendiente cubierta de vegetación densa y oscura. La luz, difusa y suave, parece filtrarse entre los árboles, creando un juego de sombras que acentúa la sensación de profundidad y misterio. Se percibe una bruma ligera que atenúa los contornos lejanos, desdibujando el horizonte y contribuyendo a la atmósfera onírica del conjunto.
La paleta cromática es dominada por tonos verdes, marrones y grises, con toques de amarillo pálido en las hojas jóvenes. La pincelada es suelta y expresiva, transmitiendo una impresión de inmediatez y espontaneidad. No se busca la precisión fotográfica, sino más bien la evocación de un estado anímico particular: una mezcla de esperanza y nostalgia ante el despertar de la naturaleza tras el invierno.
Subyace en esta representación una reflexión sobre la transitoriedad del tiempo y la belleza efímera de la vida. La imagen de los álamos jóvenes, con sus hojas apenas brotadas, simboliza el renacimiento y la promesa de un futuro mejor, pero también la fragilidad y la vulnerabilidad inherentes a todo lo que es nuevo. La presencia del agua, elemento primordial y símbolo de fluidez y cambio, refuerza esta idea de constante transformación. La quietud aparente del paisaje se ve matizada por una sutil tensión emocional, invitando al espectador a la introspección y a la contemplación de los ciclos vitales. Se intuye un anhelo por la serenidad, pero también una conciencia de la inevitabilidad del cambio y el paso del tiempo.