Viktor Vasnetsov - Joy of the Lord, the righteous (right)
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A la izquierda, un grupo numeroso de hombres y mujeres, algunos con expresiones de éxtasis, otros de reverencia contenida, parecen elevarse desde el suelo hacia la luz divina que emana del centro. Sus rostros están iluminados por una luminosidad sobrenatural, acentuada por los gestos de elevación de brazos y manos abiertas en señal de súplica o adoración. La paleta cromática utilizada para estas figuras es cálida, con tonos ocres y dorados que sugieren la pureza y la santidad.
En el núcleo de la composición se ubica una figura masculina, rodeada por un halo de luz intensa y flanqueada por dos ángeles alados. El personaje central exhibe una expresión serena y benévola, con una barba larga y abundante que le confiere un aire de sabiduría ancestral. Su vestimenta es rica en detalles ornamentales, con bordados dorados que resaltan su estatus divino. Los ángeles que lo acompañan se distinguen por la elegancia de sus pliegues y la delicadeza de sus rasgos, transmitiendo una sensación de gracia etérea.
A la derecha, un grupo más ordenado de figuras femeninas y masculinas, ataviadas con ropajes suntuosos y portando símbolos religiosos como cruces, se acercan a la figura central en actitud de veneración. Sus rostros reflejan una mezcla de devoción y esperanza, sugiriendo la recompensa espiritual que aguarda a los justos. La disposición de estas figuras crea una sensación de movimiento ascendente, reforzando la idea de elevación hacia lo divino.
La composición global sugiere un momento de encuentro entre el mundo terrenal y el celestial, donde los creyentes son recibidos en la morada del Señor. El uso magistral de la luz y la sombra contribuye a crear una atmósfera mística y trascendente, invitando al espectador a contemplar la belleza y la majestad de lo sagrado. La abundancia de figuras y detalles ornamentales denota un deseo de representar la magnificencia del reino celestial, mientras que las expresiones faciales transmiten una gama de emociones humanas ante la presencia divina: desde el éxtasis religioso hasta la humilde reverencia. Se intuye una narrativa de redención y esperanza, donde la fe es recompensada con la visión de lo divino.