American artists – Hicks, Edward (American, 1780-1849)
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La paleta cromática es rica y vibrante, dominada por tonos ocres, verdes profundos y amarillos dorados que sugieren un ambiente cálido y luminoso. La luz, aunque difusa, resalta la textura del pelaje animal y la delicadeza de las figuras infantiles. El paisaje de fondo, con una rivera serpenteante y árboles de follaje otoñal, aporta profundidad a la escena y establece un contexto bucólico e idealizado.
La disposición de los animales es particularmente notable. No se presentan en una actitud amenazante o agresiva, sino más bien como compañeros pacíficos, incluso afectuosos, hacia los niños. El león, tradicionalmente símbolo de poder y ferocidad, permite que un niño se posicione sobre su lomo, mientras que el tigre parece observar con curiosidad a la niña que avanza hacia él. Esta yuxtaposición de lo salvaje y lo doméstico, de lo peligroso y lo inocente, es central para comprender las posibles interpretaciones de la obra.
Se intuye una alusión a relatos bíblicos, específicamente al episodio del Arca de Noé o a la visión edénica donde el hombre convive en armonía con la fauna. Sin embargo, la representación se aleja de la literalidad narrativa para adentrarse en un terreno más simbólico y alegórico. Los niños podrían representar la pureza original, la inocencia perdida, o incluso una esperanza de reconciliación entre la humanidad y el mundo natural.
La presencia del grupo humano a lo lejos, posiblemente representando una comunidad o civilización, contrasta con la escena central de armonía salvaje. Podría interpretarse como una crítica implícita a las limitaciones impuestas por la sociedad o como un anhelo por un retorno a un estado primigenio de conexión con la naturaleza.
En definitiva, el autor ha creado una imagen que invita a la reflexión sobre temas universales como la inocencia, la paz, la armonía y la relación entre el hombre y su entorno, utilizando un lenguaje visual sencillo pero evocador. La composición, aunque carente de perspectiva académica rigurosa, transmite una sensación de asombro y maravilla ante la belleza del mundo natural y la pureza de la infancia.