Sir Edward Burne-Jones – The Council Chamber
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La disposición general es caótica; los personajes se agolpan unos sobre otros, muchos parecen estar cayendo o luchando por mantener el equilibrio en medio del agua. Predominan las tonalidades oscuras: azules profundos, grises sombríos y ocres terrosos que contribuyen a una atmósfera de opresión y desasosiego. La luz es escasa y proviene principalmente de fuentes laterales, acentuando los contrastes y creando sombras dramáticas sobre los rostros y las vestimentas.
En el extremo derecho, se distingue una figura sentada en un trono elevado, ataviado con una corona elaborada. Su expresión parece ser de resignación o incluso de desinterés ante la confusión que lo rodea. A su alrededor, otros personajes parecen inclinar sus cabezas hacia él, quizás buscando guía o consuelo.
El agua que inunda el espacio es un elemento central y simbólico. No se trata simplemente de una inundación física; parece representar una crisis moral, política o espiritual que amenaza con sumergir a la sociedad entera. La presencia de espinas y ramas flotando en el agua refuerza esta interpretación, sugiriendo dolor, sufrimiento y posible persecución.
Las expresiones faciales de los personajes son variadas: hay miedo, confusión, desesperación, pero también algunos indicios de determinación o incluso desafío. Esta diversidad emocional sugiere una gama compleja de reacciones ante la adversidad.
La composición en sí misma es densa y abigarrada, lo que dificulta la focalización inmediata del espectador. El artista parece haber buscado deliberadamente crear una sensación de desorientación y claustrofobia, invitando a una contemplación más profunda de los significados subyacentes.
En términos de subtextos, la obra podría interpretarse como una alegoría sobre el poder, la corrupción, la fragilidad de las instituciones y la inevitabilidad del cambio. La figura en el trono podría representar un líder que ha perdido el control o que es incapaz de afrontar la crisis que se avecina. El agua, con sus espinas y ramas, simboliza los peligros y desafíos que acechan a la sociedad. En definitiva, la pintura plantea preguntas sobre la naturaleza humana, la justicia y la búsqueda del sentido en un mundo caótico.