Edgar Degas – At the Races Before the Start
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El autor ha empleado una paleta cromática dominada por tonos terrosos: ocres, marrones y verdes apagados que sugieren un ambiente brumoso o quizás un día nublado. Esta elección contribuye a crear una atmósfera de cierta melancolía y quietud tensa, contrastando con la inminente explosión de energía que representa la carrera. La luz es difusa, sin sombras marcadas, lo cual aplana las figuras y les confiere una apariencia casi etérea.
Los caballos se presentan en diversas actitudes: algunos inquietos, pateando el suelo; otros más calmados, con la cabeza baja. Los jinetes, vestidos con colores contrastantes – rojos, rosas, blancos – parecen concentrados, tensos ante la tarea que les aguarda. La disposición de las figuras no es uniforme; se aprecia una cierta irregularidad en la alineación, lo cual añade un elemento de realismo y espontaneidad a la escena.
Más allá de la representación literal del evento, el cuadro parece sugerir reflexiones sobre la anticipación, la preparación y la incertidumbre inherentes a cualquier competición. La quietud previa al estallido de movimiento evoca una sensación de suspensión temporal, un momento crucial antes de que se desate la acción. La multitud, apenas insinuada en el fondo, representa la expectación colectiva, el interés generalizado por este espectáculo.
El tratamiento del espacio es notable; la perspectiva no es convencional, sino más bien sugerida a través de la gradación tonal y la disminución del tamaño de las figuras en la distancia. Esto contribuye a crear una sensación de profundidad y a enfatizar la vastedad del hipódromo. En definitiva, el autor ha logrado capturar un instante fugaz, cargado de tensión y significado, que trasciende la mera representación de una carrera de caballos para adentrarse en una exploración más profunda de la condición humana.