Boris Grigoriev – Self-portrait
Ubicación: Private Collection
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El autor se ha representado vestido con traje oscuro y corbata, aunque el tejido del saco parece tener un patrón floral sutilmente visible en tonos azules y blancos, aportando una nota inesperada a la sobriedad general. La paleta es terrosa: ocres, grises y marrones predominan, creando una atmósfera de introspección y cierta austeridad. La piel se representa con una textura marcada, evidenciando imperfecciones y signos del paso del tiempo, lo que contribuye a un realismo crudo y sin idealizaciones.
El fondo es ambiguo; no se trata de un espacio definido sino más bien de una superficie texturizada con elementos decorativos abstractos en tonos dorados y marrones. Estos motivos ornamentales parecen surgir desde la propia tela, creando una sensación de encierro o de estar atrapado dentro de una estructura simbólica. La fecha 1933 aparece discretamente en la esquina inferior izquierda, anclando la obra en un momento histórico específico.
Más allá de la representación física, el retrato sugiere una exploración psicológica profunda. La postura frontal y la mirada fija implican una confrontación directa con el espectador, invitándolo a participar en la introspección del artista. La combinación de elementos formales –la sobriedad del vestuario contrastada con los patrones florales, la expresión facial ambigua– apunta a una complejidad interna, a un conflicto entre la apariencia externa y la realidad subjetiva. Se intuye una reflexión sobre la identidad, el tiempo transcurrido y quizás, las presiones o expectativas que pesan sobre el individuo. La obra transmite una sensación de fragilidad contenida, de una vulnerabilidad expresada con dignidad.