The Italian artists – Cimabue (Cenni di Peppi, Italian, 1240-1302)
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La escena está enmarcada por una arquitectura imaginaria, un arcojona dorado que enfatiza la importancia de los personajes centrales. Alrededor de la Virgen y el Niño, seis ángeles fluyen en posiciones variadas, algunos con las alas extendidas como si estuvieran a punto de elevarse, otros más recogidos. La disposición de estos seres celestiales crea una sensación de movimiento circular que dinamiza la composición.
La paleta cromática es limitada pero efectiva: predominan los tonos dorados y ocres en el fondo y en los detalles arquitectónicos, contrastando con los azules y rojos utilizados para las vestimentas. El uso del dorado no solo aporta un valor simbólico de riqueza y divinidad, sino que también contribuye a la atmósfera de solemnidad y trascendencia.
En cuanto a subtextos, se percibe una búsqueda de monumentalidad y grandiosidad, características propias del arte religioso de la época. La frontalidad de las figuras y su esquemática representación sugieren un deseo de transmitir una verdad espiritual más allá de la mera apariencia física. La Virgen, aunque idealizada, proyecta una imagen de maternidad sagrada y protección divina. Los ángeles, con sus gestos y posturas, refuerzan esta idea de intercesión entre el cielo y la tierra. La composición en su conjunto invita a la contemplación y a la reflexión sobre temas como la fe, la esperanza y la redención. Se intuye una transición hacia un mayor realismo en la representación de las figuras, aunque todavía se mantienen elementos propios del estilo bizantino, especialmente en la rigidez de los rostros y la falta de profundidad espacial.