Konstantin Alekseevich Korovin – Boulevard in Paris. 1912
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La obra presenta una escena urbana nocturna, presumiblemente en una gran ciudad. El foco principal reside en un bulevar animado, repleto de figuras humanas que se desplazan en ambas direcciones. La pincelada es rápida y suelta, creando una sensación de movimiento constante y vibración.
El artista emplea una paleta cromática dominada por tonos cálidos – ocres, amarillos y rojizos – que sugieren la luz artificial de faroles y escaparates. Estos colores contrastan con las áreas más oscuras del fondo y los laterales, intensificando el efecto lumínico y generando un ambiente denso y casi febril. La luz no se distribuye uniformemente; en cambio, se concentra en puntos específicos, atrayendo la mirada del espectador hacia ciertos grupos de personas o elementos arquitectónicos.
La multitud es difusa e impersonal. Las figuras individuales son apenas esbozadas, reducidas a manchas oscuras que se funden entre sí. Esta representación colectiva podría interpretarse como una metáfora de la alienación y el anonimato propios de la vida moderna en las grandes urbes. La ausencia de detalles faciales o características distintivas enfatiza esta idea de individualidad perdida dentro del conjunto social.
En el primer plano, se observan elementos que sugieren un espacio público: bancos, árboles desnudos y lo que parecen ser restos de objetos dispersos. Estos detalles contribuyen a la sensación de realismo y cotidianidad, pero también añaden una nota de desorden y caos.
La perspectiva es poco convencional; el bulevar se extiende hacia un punto de fuga difuso, creando una impresión de profundidad limitada y claustrofobia. La composición general transmite una atmósfera de bullicio, energía y cierta inquietud. Se percibe la vitalidad de la ciudad, pero también su lado oscuro y opresivo.
La firma en el ángulo inferior izquierdo, junto con la indicación “París 1912”, sitúa la escena temporal y geográficamente, sugiriendo un interés del artista por capturar la esencia de la vida parisina a principios del siglo XX. La obra parece reflejar una fascinación ambivalente hacia la modernidad: su dinamismo y posibilidades, pero también su deshumanización y pérdida de conexión personal.