Konstantin Alekseevich Korovin – Milan. 1888
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El autor ha plasmado una multitud de figuras humanas en movimiento: peatones que caminan apresuradamente, un carruaje tirado por caballos que avanza por la calle, y otras personas difusas en la distancia. La pincelada es rápida y suelta, transmitiendo una sensación de dinamismo y vitalidad propia del entorno urbano. Los edificios se definen con trazos gruesos y expresivos, sugiriendo una arquitectura funcional más que ornamental. Se aprecian detalles como balcones, ventanas y elementos decorativos, aunque estos están tratados de manera esquemática, sin un realismo exhaustivo.
La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: ocres, marrones, grises y amarillos deslavados. Algunas pinceladas rojas y escarlatas se utilizan para resaltar ciertos elementos arquitectónicos o detalles en la vestimenta de las personas, aportando un toque de color a la escena general.
Más allá de una simple representación de la vida cotidiana, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre el impacto del progreso industrial y la urbanización en la sociedad. La multitud anónima, el carruaje que simboliza la modernidad, y los edificios altos y uniformes evocan una sensación de impersonalidad y alienación inherente a la vida urbana. La atmósfera general es de cierta melancolía, como si el artista estuviera observando con distancia la transformación del paisaje social y cultural. La inscripción manuscrita en la esquina inferior izquierda añade un elemento de intimidad y autenticidad a la obra, sugiriendo una nota personal o una reflexión del autor sobre lo que está representando. La firma, ubicada discretamente en la esquina superior derecha, refuerza esta impresión de espontaneidad y observación directa.