Isaac Ilyich Levitan – huts 2. 1899
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La composición está dominada por la horizontalidad; las chozas se extienden a lo largo de la imagen, anclando la mirada en una sensación de quietud y permanencia. A su alrededor, tres árboles esqueléticos se elevan hacia el cielo, sus ramas desnudas contribuyendo a la atmósfera opresiva y desolada. La luz, proveniente de un punto indefinido, ilumina tenuemente las chozas desde atrás, creando una aureola fantasmal que acentúa su aislamiento.
La paleta cromática es limitada: predominan los tonos verdes oscuros, marrones terrosos y amarillos pálidos. Esta restricción en la gama de colores refuerza el carácter sombrío y austero del paisaje. La pincelada es visible, expresiva; no se busca una representación mimética de la realidad, sino más bien una interpretación subjetiva y emocional del entorno.
Más allá de la descripción literal, esta pintura parece sugerir reflexiones sobre la vida rural, la pobreza y el paso del tiempo. Las chozas, con su aspecto desvencijado, podrían simbolizar la fragilidad de la existencia humana y la precariedad de las condiciones materiales. Los árboles desnudos evocan una sensación de pérdida y decadencia, mientras que la luz tenue podría interpretarse como un rayo de esperanza en medio de la oscuridad. La ausencia de figuras humanas intensifica el sentimiento de soledad y abandono que impregna la escena. En definitiva, se trata de una obra que invita a la contemplación y a la reflexión sobre temas universales relacionados con la condición humana y su vínculo con la naturaleza.