Aquí se observa una composición vertical de marcado carácter devocional. La estructura general recuerda a un retablo, con una arquitectura simulada que enmarca la escena principal. En el tercio superior, Cristo aparece sentado sobre lo que parece ser un trono, con las manos extendidas en gesto de bendición. Alrededor suyo, se agrupan varias figuras aladas, presumiblemente ángeles, distribuidas simétricamente a ambos lados. El núcleo de la obra está ocupado por una Virgen María sentada en un trono ricamente decorado. Ella sostiene en su regazo a un Niño Jesús, quien mira directamente al espectador con una expresión serena. La Virgen irradia una dignidad contenida, ataviada con ropajes azules que acentúan su figura y la nobleza de su posición. En la parte inferior del retablo, se disponen varias figuras santas. A ambos lados de la Virgen, reconocemos a San Juan Bautista y San Pedro, identificables por sus atributos tradicionales (San Juan con pieles de animal y San Pedro con llaves). Además, dos santos de identidad incierta completan el grupo, añadiendo una dimensión de universalidad a la representación del panteón religioso. La paleta cromática es rica en tonos dorados, azules intensos y rojos vibrantes, típicos de la pintura religiosa medieval. El uso del dorado no solo realza la importancia de los personajes representados, sino que también evoca la divinidad y el esplendor celestial. La luz, aunque uniforme, parece emanar desde Cristo, iluminando a la Virgen y al Niño, creando un foco visual central. Subtextualmente, la obra transmite una profunda veneración hacia la figura mariana y la divinidad de Cristo. El trono, los atributos de los santos y el entorno arquitectónico simulado sugieren una jerarquía celestial y una conexión directa entre lo terrenal y lo divino. La disposición simétrica y la formalidad de las figuras contribuyen a un sentido de orden y estabilidad, reflejando los valores religiosos predominantes en la época. La mirada del Niño Jesús, dirigida al espectador, establece una relación íntima y personal con el observador, invitándolo a participar en la devoción representada. La inclusión de santos intercesores refuerza la idea de la mediación entre Dios y la humanidad.
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CODE MASTER ST. GEORGE - Virgin and Child Enthroned, Surrounded by Angels, St. John the Baptist, St. Peter and two unknown saints — Louvre (Paris)
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El núcleo de la obra está ocupado por una Virgen María sentada en un trono ricamente decorado. Ella sostiene en su regazo a un Niño Jesús, quien mira directamente al espectador con una expresión serena. La Virgen irradia una dignidad contenida, ataviada con ropajes azules que acentúan su figura y la nobleza de su posición.
En la parte inferior del retablo, se disponen varias figuras santas. A ambos lados de la Virgen, reconocemos a San Juan Bautista y San Pedro, identificables por sus atributos tradicionales (San Juan con pieles de animal y San Pedro con llaves). Además, dos santos de identidad incierta completan el grupo, añadiendo una dimensión de universalidad a la representación del panteón religioso.
La paleta cromática es rica en tonos dorados, azules intensos y rojos vibrantes, típicos de la pintura religiosa medieval. El uso del dorado no solo realza la importancia de los personajes representados, sino que también evoca la divinidad y el esplendor celestial. La luz, aunque uniforme, parece emanar desde Cristo, iluminando a la Virgen y al Niño, creando un foco visual central.
Subtextualmente, la obra transmite una profunda veneración hacia la figura mariana y la divinidad de Cristo. El trono, los atributos de los santos y el entorno arquitectónico simulado sugieren una jerarquía celestial y una conexión directa entre lo terrenal y lo divino. La disposición simétrica y la formalidad de las figuras contribuyen a un sentido de orden y estabilidad, reflejando los valores religiosos predominantes en la época. La mirada del Niño Jesús, dirigida al espectador, establece una relación íntima y personal con el observador, invitándolo a participar en la devoción representada. La inclusión de santos intercesores refuerza la idea de la mediación entre Dios y la humanidad.