Louvre – ROMANELLI - Apollo and Marsyas
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A la izquierda, una figura masculina, con la piel bronceada y adornada con una piel de cabra, se encuentra atada a este mismo árbol. Su expresión es de angustia y súplica; su cuerpo está retorcido en una postura que denota dolor y desesperación. A su lado, otro personaje masculino, vestido con una túnica roja, parece ser el ejecutor o juez, sosteniendo un instrumento musical – posiblemente una flauta o un tipo de lira – que podría simbolizar la fuente del conflicto.
En el centro, un hombre arrodillado, con una expresión de temor y resignación, observa la escena. Su posición sugiere una participación pasiva en los acontecimientos, quizás como víctima colateral o espectador impotente.
A la derecha, destaca una figura masculina, ataviada con una túnica rosa y sentada sobre un tronco caído. Su postura es serena y dominante; su mirada se dirige hacia el hombre arrodillado, transmitiendo una sensación de autoridad y juicio. La luz incide directamente sobre él, acentuando su presencia y reforzando la idea de que representa una figura de poder superior.
La composición está marcada por un fuerte contraste entre las figuras atormentadas a la izquierda y la calma imperturbable del personaje central a la derecha. El uso de la luz y la sombra contribuye a este efecto, creando una atmósfera de tensión y suspense. La disposición de los personajes sugiere una jerarquía clara: el hombre atado representa la derrota y el sufrimiento, mientras que la figura sentada encarna la justicia o la venganza divina.
Subyace en esta representación una reflexión sobre temas como la soberbia, el desafío a la autoridad y las consecuencias del orgullo. La música, representada por el instrumento musical, parece ser el catalizador de la tragedia, simbolizando quizás la rivalidad artística o la competencia desmedida que conduce a la caída. El árbol, testigo silencioso de los acontecimientos, podría interpretarse como un símbolo de la naturaleza implacable y las leyes ineludibles del destino. La escena evoca una sensación de fatalismo y la inevitabilidad del castigo para aquellos que se atreven a desafiar el orden establecido.