Mauritshuis – Ludolf Bakhuysen - The Arrival of Stadholder-King Willem III (1650- 1702) in the Oranjepolder on 31 January 1691
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
El punto focal indiscutible reside en un hombre montado sobre un caballo blanco, que avanza hacia el espectador acompañado por otra figura ecuestre y un séquito considerable. El personaje principal se distingue por su vestimenta formal: un abrigo oscuro con detalles dorados y un sombrero adornado. Su postura es regia, transmitiendo autoridad y solemnidad. La presencia del caballo blanco acentúa aún más esta imagen de poder y nobleza.
La multitud que los acompaña exhibe una variedad de estatus sociales. Se distinguen figuras con ropas lujosas, probablemente dignatarios o miembros de la corte, junto a personas ataviadas con prendas más modestas, sugiriendo la población local. La disposición de la gente, algunos arrodillados o inclinándose en señal de respeto, refuerza el carácter oficial y ceremonial del evento.
En primer plano, se aprecia un grupo de personas sentadas sobre troncos, observando la escena con atención. Dos perros, uno de caza y otro más pequeño, completan la composición, añadiendo una nota de realismo a la representación. La presencia de los barcos en el fondo sugiere una conexión marítima importante para este lugar, posiblemente implicando comercio o expansión territorial.
La pintura transmite un mensaje de legitimación del poder. El acto de llegar a este territorio, aparentemente recién reclamado, simboliza la consolidación del dominio sobre él. Se puede inferir que se trata de un evento histórico significativo, una visita oficial destinada a marcar la presencia y el control de la figura central sobre esta región. La meticulosa atención al detalle en las vestimentas, los barcos y el paisaje contribuye a crear una atmósfera de grandiosidad y solemnidad, reforzando la importancia del momento representado. El uso de la luz, con su predominio de tonos fríos y sombríos, acentúa la seriedad y la formalidad de la ocasión.