Mauritshuis – Gerard de Lairesse - Bacchus and Ariadne
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En primer plano, una mujer joven, vestida con una túnica blanca que se pliega sobre su cuerpo, mira hacia un hombre situado a su derecha. Su expresión es compleja: mezcla vulnerabilidad, sorpresa y quizás una pizca de desesperación. El hombre, ataviado con ropas rojizas y una corona de hojas, parece estar en medio de un movimiento brusco, extendiendo un brazo hacia arriba como si intentara alcanzar algo o apartarse de la mujer. Su rostro muestra una expresión de angustia y desconcierto.
Detrás de ellos, se despliega un grupo de figuras masculinas, algunas parcialmente ocultas entre las sombras. Se distinguen músicos con instrumentos, personajes que parecen bailar o celebrar, y otros que observan la escena con expresiones variadas. Un pequeño puto, a los pies del hombre, sostiene una vara o instrumento musical, añadiendo un toque de inocencia y ligereza al conjunto.
La iluminación es contrastada: resalta las figuras principales, mientras que el resto de la composición se sume en la penumbra. Esto contribuye a acentuar el dramatismo de la escena y a dirigir la atención del espectador hacia los personajes centrales. La paleta cromática es rica, con predominio de tonos rojizos, dorados y blancos, que contrastan con el fondo oscuro.
Subtextualmente, la pintura parece explorar temas como el amor perdido, la traición, la desesperación y la intervención divina. El gesto del hombre, al extender su brazo hacia arriba, podría interpretarse como un intento de escapar de una situación ineludible o de buscar ayuda en los dioses. La mirada de la mujer sugiere una profunda conmoción emocional. La presencia del grupo festivo en segundo plano añade una capa de complejidad a la escena, sugiriendo que el drama se desarrolla en medio de una celebración o ritual. El cielo tormentoso refuerza la idea de un destino trágico e inevitable. En general, la obra transmite una sensación de conflicto y desolación, pero también de belleza y elegancia propias del arte clásico.