Mauritshuis – Wybrand Hendriks - Portrait of Jacob Feitama (1726-1797) and his Wife, Elisabeth de Haan (1735-1800)
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La mujer, situada a la izquierda, viste un vestido de corte amplio y sobrio en color oscuro, posiblemente negro o verde muy apagado. Su peinado, elevado y adornado con encaje, es característico del período. Sus manos descansan sobre su regazo, una pose que denota calma y dignidad. La expresión facial es serena, aunque ligeramente distante, transmitiendo un aire de respetabilidad y cierta formalidad.
El hombre, a la derecha, porta un traje oscuro con chaleco y cuello alto, complementado por una peluca empolvada, otro rasgo distintivo de la época. Se inclina ligeramente hacia la mesa, como si estuviera ocupado en alguna tarea o lectura, aunque su mirada se dirige al frente, estableciendo contacto visual con el espectador. La disposición de sus manos, apoyadas sobre unos papeles que reposan sobre la mesa, sugiere una posición de autoridad y conocimiento.
El mobiliario es elegante y funcional: las sillas tapizadas, la mesa con sus delicados detalles ornamentales y el pequeño taburete con flores frescas aportan un toque de refinamiento al ambiente. La presencia de los pétalos dispersos en el suelo, aunque aparentemente casuales, podrían simbolizar fragilidad o transitoriedad, contrastando con la solidez y permanencia que irradian los retratados.
El fondo, compuesto por puertas cerradas pintadas en tonos verdes oscuros, contribuye a crear una atmósfera de intimidad y privacidad. La iluminación es uniforme, sin fuertes contrastes, lo que favorece la representación detallada de las texturas y los volúmenes.
En términos subtextuales, el retrato parece querer transmitir un mensaje de estabilidad social, riqueza y poder. La formalidad de la pose y la indumentaria sugieren una familia arraigada en su posición social, consciente de su estatus y deseosa de proyectar una imagen de respetabilidad y solidez. La mesa, como punto focal, podría simbolizar el hogar, el trabajo o incluso el comercio, elementos fundamentales para la prosperidad familiar. La sutil presencia de los pétalos introduce una nota melancólica que invita a reflexionar sobre la fugacidad del tiempo y la inevitabilidad del cambio, incluso en medio de la aparente estabilidad.