Part 1 National Gallery UK – Bartolome Esteban Murillo - The Heavenly and Earthly Trinities
На эту операцию может потребоваться несколько секунд.
Информация появится в новом окне,
если открытие новых окон не запрещено в настройках вашего браузера.
Для работы с коллекциями – пожалуйста, войдите в аккаунт (abrir en nueva ventana).
Поделиться ссылкой в соцсетях:
No se puede comentar Por qué?
En el primer plano, a la izquierda, una mujer vestida con ropas de colores intensos –un rojo profundo en la zona del pecho y azul oscuro para el manto– observa con atención al niño que se encuentra frente a ella. Su expresión es serena, casi contemplativa, transmitiendo un sentimiento de reverencia y protección maternal. A su derecha, un hombre mayor, ataviado con una túnica beige y sosteniendo un bastón o cayado, extiende su mano hacia el mismo niño, en un gesto que denota bendición y guía paternal. La luz incide sobre sus rostros, acentuando las arrugas de la piel del anciano y la delicadeza de los rasgos de la mujer.
El niño, situado en el centro de la composición, es el foco principal de atención. Viste una sencilla túnica rosada y extiende su mano derecha hacia un punto indeterminado en el espacio superior, donde se manifiesta una paloma blanca, símbolo universalmente reconocido del Espíritu Santo. La luz que emana de esta figura divina ilumina al niño, otorgándole una aura de santidad e importancia trascendental.
En la parte superior de la pintura, se aprecia una figura masculina mayor, con barba y cabello blancos, envuelta en un manto rosado. Rodeándolo, un grupo de ángeles infantiles flota entre nubes vaporosas, creando una atmósfera etérea y celestial. La disposición de estos seres celestiales refuerza la idea de una conexión directa entre el mundo terrenal y el divino.
La paleta cromática es rica en contrastes: los colores vivos de las vestimentas de María y José se contraponen a la luminosidad del cielo y la pureza blanca de la paloma. La técnica pictórica sugiere un estilo barroco, con una marcada atención al detalle en la representación de las texturas –la suavidad de las telas, la aspereza de la piedra– y el modelado de los rostros.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas fundamentales de la fe cristiana: la Trinidad divina, la maternidad, la paternidad, la protección, la guía espiritual y la promesa de salvación. La disposición de las figuras y sus gestos sugieren una narrativa silenciosa sobre el destino del niño y su papel en el plan divino. El pedestal pétreo podría interpretarse como un símbolo de solidez y permanencia, contrastando con la naturaleza efímera de la existencia humana. En definitiva, se trata de una pintura que invita a la contemplación y a la reflexión sobre los misterios de la fe.