Diego Velazquez – Christ in the House of Martha and Mary Part 2 National Gallery UK
Part 2 National Gallery UK – Diego Velazquez - Christ in the House of Martha and Mary
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Diego Velázquez era un gran admirador de los temas bíblicos, pero los representó, al igual que sus otros cuadros, a su manera, de forma peculiar. Cristo en casa de Marta y María fue pintado en 1618, tras meses de minucioso trabajo, y es la interpretación que Velázquez hace de uno de los relatos recogidos en el Evangelio de Lucas, que narra la llegada de Jesús a la casa de sus dos hermanas, Marta y María. El argumento de la historia es el siguiente: Marta y María son hermanas solteras que viven en la misma casa, que el propio Cristo visitó una vez.
Descripción del cuadro Cristo en casa de Marta y María de Diego Velázquez
Diego Velázquez era un gran admirador de los temas bíblicos, pero los representó, al igual que sus otros cuadros, a su manera, de forma peculiar. Cristo en casa de Marta y María fue pintado en 1618, tras meses de minucioso trabajo, y es la interpretación que Velázquez hace de uno de los relatos recogidos en el Evangelio de Lucas, que narra la llegada de Jesús a la casa de sus dos hermanas, Marta y María.
El argumento de la historia es el siguiente: Marta y María son hermanas solteras que viven en la misma casa, que el propio Cristo visitó una vez. Al ver al invitado, Marta se apresuró a preparar la comida y a ocuparse de la casa, mientras que María se sentó a los pies del Hijo de Dios y se puso a hablar con él.
En respuesta, Marta, cansada y enfadada, se quejó a Cristo de ella y recibió una respuesta que no esperaba. Cristo, a su vez, halagó a María y le dijo a su cuidadosa y laboriosa hermana que no debía pensar en lo material sino en lo espiritual. Velázquez ha conseguido transmitir de la mejor manera posible este momento de insatisfacción entre la mansedumbre de Marta y María.
En el primer plano del cuadro hay dos mujeres, una anciana y otra joven. La más joven sostiene un mortero en el que está preparando algunas hierbas - esta es María. La cara de la otra es de preocupación y enfado, señala con rabia el trabajo de la joven, aparentemente ordenándole que lo haga. Sobre la mesa hay una pecera, ya que se sabe que el pescado simboliza a Cristo. Además del pescado, el artista también representa un plato de huevos y una jarra, la comida que Marta preparó para Cristo y sus acompañantes.
En la pared de la sala cuelga un cuadro que representa la escena del encuentro de Cristo y sus hermanas. Cristo está sentado en un sillón, María está sentada a sus pies y Marta está de pie detrás de él, la tensión en su apariencia delata el hecho de que está constantemente pensando en algo y, como dice la historia bíblica, no puede concentrarse en lo que Cristo está diciendo.
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El espacio se organiza en dos planos distintos. En primer término, la joven y la anciana ocupan la mayor parte del lienzo, creando una sensación de inmediatez y cercanía. Sobre la mesa frente a ellas, se disponen elementos cotidianos: pescado fresco, huevos, un cuenco de metal y utensilios básicos para cocinar. La disposición de estos objetos, aparentemente aleatoria, contribuye a la atmósfera de sencillez y autenticidad que impregna la escena.
En el fondo, a través de una abertura rectangular, se vislumbra otra escena, más difusa y con menor contraste lumínico. Allí, figuras vestidas con ropajes que sugieren un contexto religioso o narrativo, parecen estar reunidas alrededor de una mesa. La presencia de esta segunda escena, enmarcada como si fuera una pintura dentro de la pintura, introduce una capa de complejidad interpretativa. No se trata simplemente de una ventana a otro lugar, sino de una reflexión sobre la representación y el significado.
La luz juega un papel crucial en la construcción del efecto general. El contraste entre las zonas iluminadas y las áreas sumidas en la penumbra acentúa la volumetría de las figuras y dirige la mirada del espectador hacia los puntos focales de la composición: el rostro de la joven, la expresión de la anciana y la escena representada en el fondo.
Subtextualmente, la obra parece explorar la tensión entre la acción y la contemplación, entre el trabajo mundano y la devoción espiritual. La joven, inmersa en sus tareas domésticas, podría representar la laboriosidad y la dedicación al servicio. La anciana, con su mirada atenta, simboliza la sabiduría y la guía moral. La escena del fondo, aunque velada, sugiere una invitación a reflexionar sobre temas más trascendentales, quizás sobre la importancia de elegir entre el deber y la contemplación, o entre las preocupaciones materiales y los valores espirituales. La yuxtaposición de estos elementos invita a una lectura que trasciende lo meramente descriptivo, sugiriendo una meditación sobre la condición humana y su relación con lo divino.