Part 2 National Gallery UK – Follower of Sodoma - The Nativity with the Infant Baptist and Shepherds
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En el frente, una mujer vestida con ropajes ricos, de color azul intenso y rojo, ocupa un lugar central. Sus manos están juntas en señal de oración o contemplación, su rostro denota una mezcla de serenidad y melancolía. A su lado, un hombre de barba larga y cabello oscuro sostiene en sus brazos a un niño pequeño, coronado con una aureola que lo distingue como figura sagrada. Este niño, a su vez, mira hacia otro infante desnudo que yace sobre la hierba, irradiando una luz tenue. La presencia simultánea de estos dos niños sugiere una prefiguración o conexión entre el nacimiento de Jesús y el del profeta Juan Bautista.
A la izquierda, un hombre con vestimenta rústica y porte pastoril observa la escena con cierta reverencia, sosteniendo un báculo y llevando consigo una oveja. Su figura aporta un elemento de humildad y sencillez al conjunto. La disposición de los personajes sugiere una jerarquía: la mujer y el hombre ocupan el centro de atención, mientras que el pastor se sitúa en una posición secundaria, pero no menos importante para comprender el contexto narrativo.
El paisaje de fondo es complejo y detallado. Se distinguen montañas lejanas, un río serpenteante y una ciudadela fortificada a lo lejos. En la parte superior del cuadro, tres figuras aladas parecen observar la escena desde una posición privilegiada, posiblemente representando ángeles o seres celestiales. La luz que ilumina el paisaje es suave y difusa, creando una atmósfera de recogimiento y misterio.
La paleta cromática se caracteriza por tonos cálidos y terrosos, con predominio del azul, el rojo y el dorado. El uso de la luz y la sombra contribuye a modelar las figuras y a crear una sensación de profundidad en la composición.
Más allá de la narración explícita del evento religioso, se pueden inferir subtextos relacionados con la divinidad, la humildad, la premonición y el destino. La yuxtaposición de los dos infantes sugiere una conexión profética que trasciende el tiempo y el espacio. El pastor representa la sencillez y la pureza del corazón humano ante lo sagrado. La ciudadela en la distancia podría simbolizar tanto la protección divina como las dificultades y desafíos que aguardan a los protagonistas. En definitiva, la pintura invita a la reflexión sobre temas universales como la fe, la esperanza y el misterio de la existencia.