Kuzma Sergeevich Petrov-Vodkin – Type of Samarkand. 1921
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La paleta cromática es dominada por tonos terrosos: ocres, amarillos deslavados y marrones, que evocan la textura de la tierra y los materiales de construcción predominantes. El cielo, representado en un azul plomizo, contrasta con el brillo arenoso del suelo, acentuando la sensación de aridez y luz intensa característica de climas áridos. La vegetación, aunque presente, es escasa y se manifiesta principalmente a través de grupos de árboles de follaje oscuro que puntean el paisaje.
En primer plano, una plaza o encrucijada se abre al espectador, con edificios de aspecto funcional y austero flanqueándola. Se percibe un cierto desorden en la disposición de las construcciones, sugiriendo quizás una ciudad en proceso de desarrollo o reconstrucción. Al fondo, una estructura imponente, posiblemente un minarete o torre, se eleva sobre el resto del paisaje, marcando un punto focal y aludiendo a una herencia cultural rica y compleja.
La pincelada es suelta y expresiva, con trazos rápidos que sugieren movimiento y vitalidad. La ausencia de figuras humanas contribuye a crear una atmósfera contemplativa y melancólica. El autor parece interesado en captar la esencia del lugar, más allá de una representación literal de sus detalles.
Subyace una sensación de transitoriedad y cambio. La luz tenue y los colores apagados sugieren un momento específico, quizás el crepúsculo o una época de incertidumbre. Se intuye una historia detrás de este paisaje: la de una ciudad que ha resistido al tiempo y a las vicisitudes, pero que también se enfrenta a nuevos desafíos. El contraste entre la solidez de los edificios y la fragilidad del entorno natural invita a reflexionar sobre la relación entre el hombre y su entorno, así como sobre la naturaleza efímera de la civilización. La composición general transmite una impresión de quietud interrumpida por un potencial movimiento latente, como si la ciudad estuviera en pausa antes de despertar a una nueva etapa.