Pablo Picasso Period of creation: 1962-1973 – 1965 Portrait de Jacqueline
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El autor ha empleado una paleta reducida y contrastante: predominan los tonos grises, blancos y un rojo intenso que se manifiesta en las áreas inferiores, sugiriendo quizás una prenda o un fondo abstracto. La aplicación del color es gestual, con pinceladas visibles y expresivas que denotan una cierta espontaneidad en la ejecución. La técnica parece priorizar la emoción sobre el detalle preciso.
El rostro de la retratada se caracteriza por rasgos estilizados y simplificados, propios de un lenguaje artístico que busca trascender la mera representación mimética. Los ojos, delineados con trazos azules, sugieren una mirada introspectiva, quizás melancólica o pensativa. La boca, dibujada con una línea sutil, aporta una ambigüedad a la expresión general. La nariz es alargada y estilizada, contribuyendo a un efecto de distanciamiento emocional.
El cabello, representado por líneas oscuras y fluidas, enmarca el rostro y se extiende hacia abajo, creando una sensación de movimiento y dinamismo. La zona del pecho y los hombros está tratada con pinceladas más rápidas y fragmentadas, que dificultan la identificación precisa de las formas. La presencia del rojo en esta área podría interpretarse como un símbolo de vitalidad o pasión, contrastando con la frialdad aparente de la paleta general.
Más allá de una simple representación física, la pintura parece explorar temas relacionados con la identidad y la introspección. La simplificación de los rasgos faciales y la ausencia de un contexto ambiental específico sugieren que el autor busca captar algo más profundo que la apariencia externa: quizás una impresión psicológica o emocional de la retratada. La composición asimétrica y la paleta restringida contribuyen a crear una atmósfera de misterio e inquietud, invitando al espectador a reflexionar sobre la complejidad de la experiencia humana. La figura se presenta como un enigma, una presencia silenciosa que desafía una interpretación fácil o definitiva.