Rembrandt Harmenszoon Van Rijn – The Raising of the cross
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La composición se centra en el momento dramático del levantamiento de una cruz de madera con un cuerpo humano ya crucificado sobre ella. El autor ha empleado un fuerte contraste entre luces y sombras – claroscuro – que intensifica la sensación de tensión y sufrimiento. La figura central, desnuda y pálida, exhibe signos evidentes de dolor físico; su cuerpo se retuerce ligeramente mientras es elevado.
En primer plano, varios personajes participan activamente en el acto. Un grupo de hombres, con vestimentas diversas que sugieren diferentes estatus sociales, emplean cuerdas y palancas para alzar la cruz. Sus rostros, aunque parcialmente ocultos por las sombras, revelan esfuerzo y determinación, pero también una cierta frialdad o indiferencia ante la escena. Uno de ellos, en particular, mira directamente al espectador con una expresión ambigua.
A la izquierda, se distingue una figura vestida con ropas suntuosas y un turbante, posiblemente representando a una autoridad o un observador de alto rango. Su presencia añade un elemento de complejidad política o social al evento representado.
El fondo es oscuro e indistinto, lo que concentra la atención en el grupo humano y la cruz. Se vislumbran otras figuras espectadoras, pero su rol parece secundario. La iluminación focalizada resalta los músculos tensos de los hombres que levantan la cruz, así como el cuerpo del hombre crucificado, enfatizando su vulnerabilidad.
Subtextos potenciales:
La pintura podría interpretarse como una reflexión sobre la brutalidad y la injusticia del castigo corporal. El contraste entre la figura sufriente y la aparente indiferencia de algunos observadores sugiere una crítica a la deshumanización y la falta de empatía. La presencia de figuras con diferentes estatus sociales plantea interrogantes sobre el poder, la responsabilidad y la complicidad en actos violentos. La iluminación dramática y la composición dinámica transmiten un fuerte sentido de angustia y desesperación, invitando al espectador a reflexionar sobre las implicaciones morales del evento representado. La escena no se presenta como una glorificación religiosa, sino más bien como un acto físico doloroso y humillante.