Evening. Late 1860 – early 1870 Alexey Kondratievich Savrasov (1830-1897)
Alexey Kondratievich Savrasov – Evening. Late 1860 - early 1870
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Pintor: Alexey Kondratievich Savrasov
Increíble en su belleza y técnica de ejecución, un cuadro, del gran artista Savrasov, titulado "Tarde". El cuadro está realizado en óleo sobre lienzo y llama la atención del espectador por su ejecución poética y la transmisión del ánimo energético del cuadro. El artista elige el momento perfecto para pintar la puesta de sol, ya que, como se puede observar, la naturaleza y todos los seres vivos que la rodean ya se están preparando para dormir, mientras el cielo brilla con magníficos, casi todos los colores del arco iris.
Descripción del cuadro "Tarde" de Alexei Savrasov.
Increíble en su belleza y técnica de ejecución, un cuadro, del gran artista Savrasov, titulado "Tarde". El cuadro está realizado en óleo sobre lienzo y llama la atención del espectador por su ejecución poética y la transmisión del ánimo energético del cuadro.
El artista elige el momento perfecto para pintar la puesta de sol, ya que, como se puede observar, la naturaleza y todos los seres vivos que la rodean ya se están preparando para dormir, mientras el cielo brilla con magníficos, casi todos los colores del arco iris. El lienzo está dividido convencionalmente en tres partes; la parte inferior está enteramente dedicada a los tonos marrón oscuro y verde oscuro, que muestran perfectamente la tierra y la hierba.
También se puede ver una especie de camino que se adentra en el lienzo. En cuanto a la parte central del cuadro, sólo las copas de los árboles obstaculizan ligeramente la visión del espectador para disfrutar plenamente de los espléndidos colores y de las sutiles transiciones, gracias a los cuales el pintor consiguió transmitir perfectamente el estado de la naturaleza, los colores y las tonalidades tal y como eran en el momento de pintar.
La perfecta elaboración de la luz y la sombra permitió al pintor poner un ligero acento en el hecho de que las hojas están jugando en relación con la puesta de sol, por lo que queda claro por qué el artista eligió este ángulo y punto de vista particular para su pintura. La parte superior del cuadro está enteramente dedicada al cielo sereno que complementa la imagen del cuadro en un contraste excepcional, el cielo con sus nubes es un contrapeso perfecto para la tierra en este cuadro.
Si con el fondo se entiende, es sin duda la base que es inamovible, el cielo se ejecuta de forma tan dinámica que a veces se puede ver cómo las nubes se mueven por el cielo. No puedes apartar los ojos del cuadro, es completamente cautivador porque es muy discreto.
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El primer plano está ocupado por un grupo de árboles, representados con pinceladas rápidas y expresivas que sugieren movimiento en sus hojas, aunque sin definir detalles precisos. Estos árboles no son meros elementos decorativos; parecen actuar como barreras entre el espectador y la lejanía, intensificando la sensación de aislamiento y contemplación. La silueta oscura de los troncos contrasta con el resplandor tenue que emana del horizonte.
El horizonte mismo se presenta difuso, casi borrado por la bruma o la distancia. Se intuyen formas indefinidas en la línea baja, posiblemente edificaciones o terrenos más allá de lo visible, pero su carácter es ambiguo y no contribuye a una lectura narrativa concreta. La atención se concentra en el cielo, donde un despliegue de nubes grises y azuladas domina la escena. La luz del ocaso aún persiste en la parte superior, tiñendo las nubes con matices rosados y anaranjados que gradualmente se atenúan hacia tonos más oscuros.
La paleta cromática es deliberadamente restringida: predominan los verdes apagados, los marrones terrosos y los grises plomizos, interrumpidos por el efímero resplandor del cielo. Esta limitación contribuye a la atmósfera de quietud y desolación que impregna la obra.
Más allá de una simple descripción de un paisaje al atardecer, esta pintura parece explorar temas relacionados con la fugacidad del tiempo, la melancolía inherente a la existencia y la introspección personal. La ausencia de figuras humanas refuerza la sensación de soledad y contemplación silenciosa ante la inmensidad de la naturaleza. El espectador se convierte en un testigo pasivo de este momento transitorio, invitado a reflexionar sobre su propia condición frente al devenir del tiempo y la inevitabilidad de la oscuridad. La composición, con sus elementos que sugieren una barrera (los árboles), podría interpretarse como una metáfora de las limitaciones humanas para comprender o controlar el mundo que nos rodea.