Valentin Serov – Children of the artist. Olga and Anton Serov. 1906
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La mujer está representada con una expresión suave, casi melancólica, que sugiere una profunda conexión emocional con sus hijos. Su postura es protectora: inclina ligeramente su cabeza hacia ellos, como para ofrecerles consuelo o cercanía. Los niños, uno sentado sobre su regazo y el otro acurrucado a su lado, parecen absortos en su propio mundo, ajenos al entorno que los rodea. La técnica del carboncillo permite una riqueza de texturas; la hierba se dibuja con trazos rápidos y nerviosos, creando una sensación de movimiento y vitalidad, mientras que las figuras humanas están delineadas con mayor precisión, aunque sin perder la espontaneidad del gesto.
El fondo es difuso, esbozado con líneas horizontales que sugieren un paisaje abierto: un horizonte lejano, árboles dispersos. Esta falta de detalle en el trasfondo contribuye a centrar la atención en las figuras principales y acentúa su aislamiento, creando una atmósfera contemplativa.
Más allá de la representación literal de una escena familiar, esta obra parece explorar temas como la maternidad, la protección y la inocencia infantil. La sencillez del dibujo, combinada con la expresividad de los rostros, evoca un sentimiento de nostalgia y ternura. El uso del carboncillo, con su capacidad para transmitir tanto solidez como fragilidad, refuerza esta impresión de vulnerabilidad y afecto genuino. Se intuye una reflexión sobre el paso del tiempo y la fugacidad de la infancia, encapsulada en este instante de quietud y cercanía.