Ivan Ivanovich Shishkin – Berezhok. 1885, 21 5x15, 9
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En primer plano, un cuerpo de agua quieto refleja parcialmente el cielo nublado, creando una duplicidad visual que acentúa la quietud del lugar. La superficie acuática está salpicada por reflejos difusos, sugiriendo una ligera brisa o una perturbación mínima en la calma. A la orilla, se observa una pequeña embarcación varada entre la vegetación ribereña; su presencia introduce un elemento de posible actividad humana, aunque sin perturbar la sensación general de soledad y abandono.
El plano medio está ocupado por una colina cubierta de vegetación densa, donde destacan dos pinos esbeltos que se elevan hacia el cielo. Estos árboles, con sus siluetas marcadas contra el fondo más claro, funcionan como puntos focales visuales, atrayendo la mirada del espectador y contribuyendo a la verticalidad de la composición. La vegetación en la colina está representada con trazos minuciosos que sugieren una variedad de texturas y formas.
El cielo ocupa una parte considerable de la imagen y se presenta como un cúmulo de nubes grises, densas y amenazantes. Esta representación del cielo no transmite necesariamente una sensación de tormenta inminente, sino más bien una atmósfera melancólica e introspectiva. La luz que filtra a través de las nubes es tenue y difusa, creando un ambiente sombrío y misterioso.
La técnica utilizada parece ser el grabado, con líneas finas y precisas que definen los contornos y crean la textura de los elementos representados. El uso del claroscuro es fundamental para generar volumen y profundidad, así como para enfatizar la atmósfera general de quietud y melancolía.
Subtextualmente, la obra evoca una sensación de introspección y contemplación. La soledad del paisaje, la presencia de la embarcación abandonada y el cielo nublado sugieren un estado de ánimo reflexivo y quizás algo nostálgico. El artista parece invitar al espectador a sumergirse en la atmósfera del lugar y a conectar con sus propios sentimientos y pensamientos. Se intuye una conexión con la naturaleza, no como un espacio para la actividad o el dominio, sino como un refugio para la contemplación y la reflexión personal.