Park Cottage Count Mordvinova 1891 83h109 Ivan Ivanovich Shishkin (1832-1898)
Ivan Ivanovich Shishkin – Park Cottage Count Mordvinova 1891 83h109
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Pintor: Ivan Ivanovich Shishkin
Ivan Ivanovich Shishkin siempre admiró la inmensidad de la tierra rusa. Pintó paisajes y transmitió a través de ellos su actitud ante la naturaleza y sus infinitas bellezas. Este artista en particular ocupa el primer lugar entre los pintores de paisajes más fuertes y talentosos de Rusia. El autor tiene un conocimiento impecable de las formas de las plantas y transmite sus detalles naturales. Cada sombra y cada hoja están en su sitio.
Descripción del cuadro de Ivan Shishkin Los robles en el viejo Peterhof
Ivan Ivanovich Shishkin siempre admiró la inmensidad de la tierra rusa. Pintó paisajes y transmitió a través de ellos su actitud ante la naturaleza y sus infinitas bellezas. Este artista en particular ocupa el primer lugar entre los pintores de paisajes más fuertes y talentosos de Rusia.
El autor tiene un conocimiento impecable de las formas de las plantas y transmite sus detalles naturales. Cada sombra y cada hoja están en su sitio. Todo es como la propia naturaleza lo creó.
Shishkin pintó los robles en 1891. Admiraba estos gigantes perennes, que crecían majestuosamente en el antiguo Peterhof. Sin duda, estos árboles habían visto mucho en su vida, sus poderosas copas se elevaban hacia arriba.
El autor prestó especial atención a los detalles del dibujo. Las hojas y la corteza se han trazado hasta el último detalle.
La vegetación bajo los robles es verde y amarilla. El paisaje es soleado, pero los árboles proyectan enormes sombras sobre el suelo. Por ello, no está claro si es mediodía o madrugada. Para captar la vegetación de la naturaleza de forma natural hay que entenderla y admirarla. Este amor estaba presente en el corazón y en el alma del artista, que se plasma hábilmente en las creaciones artísticas.
Las ramas ocupan majestuosamente el centro del cuadro. Ivan Ivanovich se paseaba regularmente por estos lugares y siempre llevaba consigo su lienzo y sus pinturas. Pasaba horas frente al paisaje que le gustaba, para elegir el momento más adecuado del día. Todo es natural en sus cuadros.
Algunos críticos dicen incluso que esta verosimilitud impide percibir el carácter global del lienzo. Pero es posible no entender el amor, los sentimientos de reverencia hacia los árboles y toda la naturaleza. Sus cuadros, gracias a los paisajes que los rodean, nunca son aburridos. Fue capaz de ver la belleza del entorno, no todo el mundo puede admirar el follaje y la perfecta textura del tronco.
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El artista ha empleado una técnica precisa en la representación de la vegetación; se distingue el cuidado con que cada hoja es delineada, aunque sin caer en un realismo excesivo. La pincelada es visible, aportando una sensación de vitalidad y movimiento a la escena. El césped, pintado en tonos verdosos, se extiende hasta donde alcanza la vista, sugiriendo un parque o jardín bien cuidado. En el fondo, otros árboles, más difusos y menos detallados, contribuyen a crear una sensación de profundidad y amplitud.
La composición es notablemente equilibrada; el roble central actúa como punto focal, pero los elementos secundarios –los árboles del fondo y la extensión del césped– complementan su presencia sin competir con ella. La horizontalidad del paisaje contrasta con la verticalidad del árbol principal, generando una tensión visual que resulta agradable a la vista.
Más allá de la mera descripción de un paisaje, esta pintura parece sugerir una reflexión sobre el paso del tiempo y la permanencia de la naturaleza frente a la fugacidad de la existencia humana. El roble, símbolo de fuerza, longevidad y sabiduría, se erige como testigo silencioso de generaciones pasadas. La atmósfera serena y contemplativa invita al espectador a detenerse y apreciar la belleza simple y atemporal del mundo natural. Se intuye una intención de evocar un sentimiento de paz y conexión con lo esencial, lejos del bullicio y las preocupaciones cotidianas. El uso de la luz, suave y difusa, refuerza esta sensación de tranquilidad y armonía. La escena, en su conjunto, transmite una profunda reverencia por el poderío y la belleza intrínseca de la naturaleza.