Konstantin Andreevich Somov – Interior. Second half of the 1890s
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La ventana, elemento central de la escena, irrumpe con una luminosidad verdosa, filtrada por la vegetación visible a través del cristal. Esta abertura no solo introduce luz al interior, sino que también sugiere un mundo exterior, ahora distante y apenas insinuado. Las puertas, pintadas en tonos más fríos, se abren parcialmente, invitando a una mirada hacia el espacio adyacente, aunque sin revelar su contenido.
En primer plano, sobre una mesa pequeña y de aspecto sencillo, reposa un jarrón con flores, que aportan un toque de vida y color a la escena. La disposición minimalista del mobiliario refuerza la impresión de desolación o abandono, como si el espacio estuviera en transición o fuera habitado por alguien ausente.
La perspectiva es sutilmente distorsionada, contribuyendo a una sensación de inestabilidad visual que puede interpretarse como un reflejo de un estado emocional complejo. La ausencia de figuras humanas intensifica la atmósfera introspectiva y sugiere una reflexión sobre la soledad, el paso del tiempo o la fugacidad de los momentos.
El uso limitado de colores, dominados por tonos verdes, marrones y grises, acentúa la sensación de quietud y melancolía. La pincelada es suelta y expresiva, lo que contribuye a una atmósfera difusa y onírica. En definitiva, el autor ha logrado plasmar un instante efímero, cargado de significado implícito, invitando al espectador a contemplar la belleza en la simplicidad y a reflexionar sobre las emociones que evoca este espacio íntimo y desolado.