Vasily Ivanovich Surikov – Boyarynya Morozov 2
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La paleta cromática es deliberadamente restringida: predominan los tonos fríos de grises, blancos y azules, con toques ocasionales de rojo que resaltan ciertas prendas o elementos del cortejo. Esta limitación contribuye a una atmósfera opresiva y melancólica, intensificada por la ausencia casi total de luz cálida.
El autor ha empleado un trazo vigoroso y expresivo, característico de un estilo cercano al dibujo preparatorio, pero con una fuerza narrativa innegable. Las líneas son rápidas, angulosas, a menudo fragmentadas, lo que acentúa la sensación de caos y urgencia. La técnica parece priorizar la transmisión de la emoción sobre la representación detallada de las formas.
En el plano formal, se aprecia un uso deliberado de la perspectiva: la línea del horizonte es alta, comprimiendo el espacio y dirigiendo la atención hacia la multitud que avanza. Los edificios a la derecha, apenas esbozados, sugieren una presencia humana más allá del cortejo, pero permanecen distantes e indiferentes al evento principal.
Subtextualmente, la obra parece explorar temas de poder, muerte y la relación entre el individuo y la comunidad. La figura central, presumiblemente la persona a quien se honra con este funeral, permanece oculta dentro del ataúd, lo que sugiere una pérdida de control o una vulnerabilidad inherente incluso en la posición más elevada. El cortejo, masivo e impersonal, podría interpretarse como una manifestación de la autoridad social y el deber comunitario, pero también como una forma de opresión o sumisión. La nieve, omnipresente, simboliza tanto la pureza como la frialdad, la muerte y el olvido. La energía desbordante del movimiento contrasta con la quietud final que representa el ataúd, creando una tensión dramática que invita a la reflexión sobre la transitoriedad de la vida y el peso de las convenciones sociales. La atmósfera general es de un profundo pesimismo, pero también de una extraña belleza austera.