Vasily Ivanovich Surikov – View of Krasnoyarsk from the hills
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En primer plano, la vegetación arbustiva y los árboles delinean el borde del promontorio desde donde se contempla la escena. La pincelada es suelta y vibrante, capturando la textura de las hojas y la luz que las atraviesa con toques de amarillo ocre y verde oliva. Esta zona inicial sirve como un marco natural para la vista que se abre más allá.
El río ocupa una parte significativa del plano medio, reflejando el cielo nublado en su superficie oscura. A lo largo de sus orillas, se distingue una concentración de construcciones, presumiblemente una ciudad o asentamiento humano. Estas edificaciones, representadas con pinceladas rápidas y tonos apagados, sugieren un lugar habitado pero no excesivamente desarrollado; la escala es modesta en comparación con la inmensidad del paisaje circundante.
La atmósfera general está impregnada de una bruma sutil que difumina los contornos distantes y crea una sensación de profundidad. El cielo, cubierto por nubes grises y violáceas, contribuye a un ambiente melancólico y contemplativo. La luz es difusa, sin sombras marcadas, lo que acentúa la impresión de quietud y serenidad.
Más allá del asentamiento humano, el valle se extiende hasta perderse en la lejanía, donde los tonos azules y violetas se funden con el horizonte. La ausencia de figuras humanas o animales refuerza la sensación de soledad y aislamiento que emana del paisaje.
Subtextualmente, la obra parece explorar la relación entre el hombre y la naturaleza, mostrando una ciudad integrada en un entorno vasto e imponente. La escala reducida de las construcciones frente a la inmensidad del río y el valle sugiere una reflexión sobre la fragilidad de la civilización ante la fuerza primordial del mundo natural. La atmósfera sombría y melancólica podría interpretarse como una evocación de la transitoriedad de la existencia humana o un comentario sobre la naturaleza efímera de los logros humanos frente a la eternidad del paisaje. La pintura, en su conjunto, invita a la contemplación silenciosa y a una reflexión sobre el lugar del hombre dentro del cosmos.