Antoine Pezey – Louis XIV receiving the oath of the Marquis de Dangeau, Grand Master of the united Orders of Notre Dame of Mont Carmel and of Saint Lazare, in the chapel at the chateau at Versaille, 18 December 1695 Château de Versailles
Château de Versailles – Antoine Pezey -- Louis XIV receiving the oath of the Marquis de Dangeau, Grand Master of the united Orders of Notre Dame of Mont Carmel and of Saint Lazare, in the chapel at the chateau at Versaille, 18 December 1695
Aquí se observa una escena de carácter ceremonial que transcurre en un espacio arquitectónico monumental y ricamente decorado. La composición se articula alrededor de una figura central, presumiblemente el rey, quien preside un acto solemne. El hombre, vestido con atuendo regio, está sentado sobre un trono o silla elevada, rodeado por una multitud de personajes ataviados con ropas formales y distintivas que sugieren su rango social. La disposición espacial es cuidadosamente orquestada para enfatizar la jerarquía presente en el evento. La luz, proveniente de fuentes no visibles pero estratégicamente ubicadas, ilumina a los individuos más importantes, destacándolos del resto de la multitud. Se aprecia una distribución asimétrica de las figuras; algunos se arrodillan o inclinan sus cuerpos en señal de respeto, mientras que otros permanecen de pie observando el desarrollo de la ceremonia. El fondo revela un interior palaciego de gran opulencia. Se distinguen balcones con barandillas ornamentadas, una galería con lo que parece ser un órgano musical y esculturas clásicas que refuerzan la idea de poder y sofisticación cultural. La perspectiva es clara y precisa, creando una sensación de profundidad que amplifica el espacio arquitectónico. Más allá de la representación literal del evento, se perciben subtextos relacionados con la legitimidad del poder real y la importancia de las instituciones religiosas. El acto que se está llevando a cabo parece ser un juramento o una promesa de lealtad, lo cual refuerza la idea de la autoridad divina del monarca. La presencia de figuras eclesiásticas sugiere una conexión entre el poder secular y el poder espiritual. La meticulosidad en los detalles de la vestimenta, los objetos presentes y la arquitectura palaciega apunta a un deseo de transmitir una imagen de grandeza, estabilidad y orden social. El artista ha logrado capturar no solo un momento específico en el tiempo, sino también la atmósfera de solemnidad y reverencia que caracterizaba a la corte real. La composición general transmite una sensación de control y dominio, reflejando los valores del absolutismo monárquico.
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Antoine Pezey -- Louis XIV receiving the oath of the Marquis de Dangeau, Grand Master of the united Orders of Notre Dame of Mont Carmel and of Saint Lazare, in the chapel at the chateau at Versaille, 18 December 1695 — Château de Versailles
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La disposición espacial es cuidadosamente orquestada para enfatizar la jerarquía presente en el evento. La luz, proveniente de fuentes no visibles pero estratégicamente ubicadas, ilumina a los individuos más importantes, destacándolos del resto de la multitud. Se aprecia una distribución asimétrica de las figuras; algunos se arrodillan o inclinan sus cuerpos en señal de respeto, mientras que otros permanecen de pie observando el desarrollo de la ceremonia.
El fondo revela un interior palaciego de gran opulencia. Se distinguen balcones con barandillas ornamentadas, una galería con lo que parece ser un órgano musical y esculturas clásicas que refuerzan la idea de poder y sofisticación cultural. La perspectiva es clara y precisa, creando una sensación de profundidad que amplifica el espacio arquitectónico.
Más allá de la representación literal del evento, se perciben subtextos relacionados con la legitimidad del poder real y la importancia de las instituciones religiosas. El acto que se está llevando a cabo parece ser un juramento o una promesa de lealtad, lo cual refuerza la idea de la autoridad divina del monarca. La presencia de figuras eclesiásticas sugiere una conexión entre el poder secular y el poder espiritual.
La meticulosidad en los detalles de la vestimenta, los objetos presentes y la arquitectura palaciega apunta a un deseo de transmitir una imagen de grandeza, estabilidad y orden social. El artista ha logrado capturar no solo un momento específico en el tiempo, sino también la atmósfera de solemnidad y reverencia que caracterizaba a la corte real. La composición general transmite una sensación de control y dominio, reflejando los valores del absolutismo monárquico.