Nicolas Pierre Loir – Allegory of the foundation of the Royal Academy of Painting and Sculpture (Progress of the arts and design nin France during the reign of Louis XIV; Minerva and the Arts) Château de Versailles
Château de Versailles – Nicolas Pierre Loir -- Allegory of the foundation of the Royal Academy of Painting and Sculpture (Progress of the arts and design nin France during the reign of Louis XIV; Minerva and the Arts)
Aquí se observa una composición de marcado carácter alegórico, estructurada en dos planos bien diferenciados: uno celeste y otro terrenal. El cielo ocupa la parte superior del lienzo y está poblado por figuras aladas que sugieren un origen divino o celestial para los acontecimientos representados. Una figura masculina, ataviada con armadura y casco, se presenta como una personificación de la guerra o la victoria, sosteniendo en su escudo el retrato de un monarca. A su lado, otro ángel toca una trompeta, anunciando quizás el inicio de una nueva era para las artes. En la parte inferior del cuadro, sobre un terreno rocoso y accidentado, se despliega una escena más humana. Dos figuras femeninas, desnudas hasta la cintura, parecen surgir de la tierra misma. Una de ellas, con piel clara y cabello oscuro, sostiene un cincel, mientras que la otra, vestida con un manto azul, porta un pergamino y una pluma, símbolos de la escritura y el conocimiento. A su alrededor, se agrupan otras figuras masculinas, algunas esculpiendo o trabajando el mármol, otras contemplando la escena con expresión de admiración. La composición sugiere una narrativa en la que las artes son promovidas y bendecidas por los dioses. El retrato del monarca encerrado en el escudo implica un patrocinio real, una conexión directa entre el poder político y el florecimiento artístico. La presencia de Minerva, o una figura equivalente a ella, es evidente en la mujer vestida de azul, quien personifica la sabiduría y las artes liberales. El terreno rocoso sobre el que se desarrolla la escena terrenal podría interpretarse como los desafíos y obstáculos que enfrentan los artistas en su búsqueda de la perfección. La desnudez de las figuras femeninas simboliza la pureza y la verdad inherentes al arte, mientras que sus gestos sugieren un proceso creativo activo y dinámico. La luz juega un papel fundamental en esta obra. Ilumina con fuerza a las figuras principales, resaltando su importancia dentro del conjunto, mientras que el resto de la escena permanece sumida en una penumbra más tenue. Esta técnica contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y reverencia hacia las artes y sus benefactores. En definitiva, se trata de una representación idealizada del progreso artístico bajo un régimen monárquico, donde el arte es presentado como una manifestación divina y un instrumento de poder.
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En la parte inferior del cuadro, sobre un terreno rocoso y accidentado, se despliega una escena más humana. Dos figuras femeninas, desnudas hasta la cintura, parecen surgir de la tierra misma. Una de ellas, con piel clara y cabello oscuro, sostiene un cincel, mientras que la otra, vestida con un manto azul, porta un pergamino y una pluma, símbolos de la escritura y el conocimiento. A su alrededor, se agrupan otras figuras masculinas, algunas esculpiendo o trabajando el mármol, otras contemplando la escena con expresión de admiración.
La composición sugiere una narrativa en la que las artes son promovidas y bendecidas por los dioses. El retrato del monarca encerrado en el escudo implica un patrocinio real, una conexión directa entre el poder político y el florecimiento artístico. La presencia de Minerva, o una figura equivalente a ella, es evidente en la mujer vestida de azul, quien personifica la sabiduría y las artes liberales.
El terreno rocoso sobre el que se desarrolla la escena terrenal podría interpretarse como los desafíos y obstáculos que enfrentan los artistas en su búsqueda de la perfección. La desnudez de las figuras femeninas simboliza la pureza y la verdad inherentes al arte, mientras que sus gestos sugieren un proceso creativo activo y dinámico.
La luz juega un papel fundamental en esta obra. Ilumina con fuerza a las figuras principales, resaltando su importancia dentro del conjunto, mientras que el resto de la escena permanece sumida en una penumbra más tenue. Esta técnica contribuye a crear una atmósfera de solemnidad y reverencia hacia las artes y sus benefactores. En definitiva, se trata de una representación idealizada del progreso artístico bajo un régimen monárquico, donde el arte es presentado como una manifestación divina y un instrumento de poder.