Saints Flor and Laurus
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En el registro superior, tres personajes con vestimentas ricamente decoradas y aureolas circundantes observan la acción que se desarrolla en la parte inferior. Su posición sugiere una función de intercesión o juicio divino sobre los eventos representados. La iconografía de estas figuras apunta a un contexto religioso, posiblemente relacionado con santos o figuras celestiales.
La escena central está dominada por cuatro jinetes montados sobre caballos blancos y marrones. Estos animales, tradicionalmente asociados con la conquista, el poder y la victoria, se presentan en una actitud dinámica, como si estuvieran participando en un evento de importancia trascendental. La disposición de los caballos sugiere movimiento y energía, intensificando la sensación de drama.
En primer plano, un grupo heterogéneo de figuras humanas y animales se agita en el suelo. Se distinguen hombres desnudos, algunos con expresiones de dolor o desesperación, junto a ovejas y otros animales domésticos. Esta acumulación de seres parece representar una derrota, una persecución o incluso un juicio final. La presencia de los animales podría simbolizar la inocencia o la vulnerabilidad frente a las fuerzas representadas por los jinetes.
La paleta cromática es limitada pero expresiva. Predominan los tonos ocres, dorados y rojos, que contribuyen a crear una atmósfera solemne y trascendente. El uso del dorado, especialmente en las vestimentas de las figuras superiores y en los halos, refuerza su carácter divino o sagrado.
Subtextualmente, la pintura parece aludir a un conflicto entre el bien y el mal, o entre la divinidad y la humanidad. Los jinetes podrían representar fuerzas celestiales que intervienen en los asuntos terrenales, mientras que las figuras prostradas simbolizan la fragilidad humana frente a ese poder superior. La escena evoca una sensación de juicio, redención o incluso catástrofe, invitando al espectador a reflexionar sobre temas universales como el destino, la fe y la lucha entre fuerzas opuestas. El desorden en el primer plano contrasta con la serenidad de los personajes superiores, acentuando la tensión dramática inherente a la composición.