"La viuda valenciana" de Lope de Vega, resumen
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Este libro es una clásica comedia española de intriga, escrita en 1595. El dramaturgo explora con maestría el tema de la pasión anónima, obligando a la noble heroína a ocultar su rostro a su amante y a construir su relación exclusivamente en la oscuridad. El texto de la obra sirvió de base para una conocida obra de la televisión soviética en 1956. La música de esta adaptación cinematográfica fue compuesta por Aram Khachaturian, y su suite orquestal posteriormente alcanzó el reconocimiento internacional independiente.
El aislamiento voluntario de la belleza
La acción transcurre en Valencia. Tras la muerte de su esposo, Camilo, la joven viuda Leonarda se encierra en su casa. Pasa los días leyendo las obras religiosas de Fray Luis y se niega a salir de sus aposentos. Su criada, Marta, ve con abierta duda tal ascetismo.
El anciano tío Lucencio visita a su sobrina. El anciano la sorprende frente a un espejo y comienza a convencerla de que se vuelva a casar. Lucencio le advierte que el aislamiento estricto generará chismes en el pueblo. Cree que los vecinos inevitablemente concluirán que la viuda esconde un amante o vive con una sirvienta. Leonarda rechaza las súplicas de su tío. Responde que la vida matrimonial solo trae deudas, disputas por la dote y las heridas de un marido celoso.
Mientras tanto, tres jóvenes valencianos intentan conquistar el corazón de una viuda inaccesible. Lisandro, Valerio y Otón se encuentran en la plaza del pueblo. Recitan poesía y comparten historias de sus desventuras nocturnas.
Otón intentó recitar un soneto bajo el balcón de Leonarda, pero un zapatero vecino casi lo hiere con un pesado ladrillo. Valerio cantó una serenata y recibió un cubo de agua sucia de la ventana. Lisandro acechaba a sus rivales en la oscuridad, junto a la puerta de la viuda. Por error, atravesó con su espada un odre de vino abandonado por ladrones que huían.
Los rivales acuerdan usar el engaño. Otón y Valerio se disfrazan de vendedores ambulantes. Otón ofrece a Leonarda libros populares, mostrando sus ediciones de Cervantes, Espinel y Gálvez de Montalvo. Valerio intenta venderle grabados de Tiziano y Martín de Vos. Leonarda descubre la farsa de los pretendientes. Llama a los sirvientes y les ordena que echen a los impostores a la calle.
Citas oscuras y máscaras
De camino a la iglesia para la misa, Leonarda se fija en un apuesto joven noble. La belleza queda cautivada al instante por el joven. Le pregunta a su paje personal, Urbano, cómo se llama el desconocido. Resulta que el joven también se llama Camilo, como el difunto esposo de la heroína. Durante una breve conversación, Camilo le da accidentalmente al paje un doblón de oro en lugar de monedas para la ofrenda.
La generosidad del noble cautiva a Leonarda. Le ordena a Urban que se ponga una máscara de carnaval y le entregue un mensaje secreto de amor a Camilo. El paje encuentra al joven y revela la extraña condición de la misteriosa dama: el caballero debe llegar a la cita completamente ciego. Movido por la curiosidad, el joven acepta la invitación.
Esa noche, Urbano espera a Camilo cerca del Puente Real. Un sirviente le pone una gruesa capucha de franela a su invitado. Urbano guía al caballero ciego por los callejones de Valencia. En el camino, se encuentran con el celoso Otto, pero logran escapar sin ser detectados.
En la espaciosa casa de Leonarda, el huésped está sentado en una silla y se le quita la capucha. La habitación queda sumida en una oscuridad absoluta. La anfitriona y Marta ocultan sus rostros tras máscaras de terciopelo. Camilo queda impresionado por la aguda agudeza de su compañero invisible. Bromeando, se compara con un halcón de caza atado con un saco sobre la cabeza.
Leonarda prohíbe terminantemente a su invitada tocarse la cara. Le entrega a su caballero un anillo con una piedra preciosa. Una criada trae una cena tardía. La anfitriona inventa apodos mitológicos para los participantes de la reunión secreta. Se hace llamar Diana, la diosa lunar, y Marta, Iris. El paje Urbano recibe el nombre de Mercurio, pero prefiere que lo llamen Baco y bebe vino. Antes del amanecer, le vuelven a colocar la capucha de franela al joven y lo sacan de la mansión.
Esa misma noche, los tres pretendientes rechazados montan guardia en la puerta de Leonarda. Lisandro, Otón y Valerio se esconden en las esquinas del portal de piedra. Son avistados por una patrulla nocturna de alguaciles. Los guardias de la ciudad obligan a los nobles a descubrirse el rostro a la luz de una linterna. A solas, los rivales recuerdan las palabras proféticas del viejo Lucencio. Los nobles juran castigar severamente al paje Urbano.
Insultos en la plaza
Esa tarde, Camilo discute con Celja, su amante de toda la vida. La mujer le exige dinero, se queja de su ropa rota y acusa al joven de ser frío. Leonarda y Marta, ocultas bajo sus capas sueltas, presencian el escándalo. Leonarda está dominada por los celos. La viuda decide darle una lección al voluble noble.
Mientras tanto, el tío Lucencio recibe al cortesano Rosano. El enviado ha llegado de Madrid para proponerle matrimonio a Leonarda, secretaria personal de uno de los nobles de la capital. Rosano sale de la casa del anciano a altas horas de la noche. Los pretendientes armados de la viuda lo esperan en la calle. Lisandro confunde al enviado con el amante secreto de Leonarda. Ataca a Rosano, hiriéndolo gravemente con su espada.
Urban corre a ver a su amante con muy malas noticias. Resulta que una patrulla municipal los detuvo a él y a Camilo en la calle. Los guardias los obligaron a quitarse las máscaras. Camilo reconoció al instante al acompañante como el paje de Leonarda.
Para desviar las sospechas de su amante, el paje se vio obligado a mentir. Urbano dijo: «Sirvo al primo anciano de Leonarda». Leonarda exige que el sirviente siga la corriente hasta el final. La viuda quiere ocultar su participación en los encuentros nocturnos.
Por la mañana, Camilo ve a Urbano en la escalinata del templo. El sirviente lleva respetuosamente del brazo a una mujer muy anciana, enferma y fea. Camilo se horroriza al ver a su supuesta amante de la noche. Se apresura a escribir una carta llena de ira.
En la nota, el joven se burla de la dentadura postiza, las profundas arrugas y el escaso cabello canoso de la destinataria. Termina la carta llamando groseramente a la anciana bruja calva. Urban le entrega el texto a Leonarda. El orgullo de la bella se siente herido por las palabras insultantes, pero invita al joven a una última reunión secreta.
La linterna y el final de la comedia.
Camilo se dirige a la mansión de Leonarda, ocultando cuidadosamente una pequeña linterna bajo su capa. Antes de partir, su sirviente personal, Floro, le pide permiso para casarse con la abandonada Selja. Camilo, felizmente, entrega a la mujer a su camarada y le promete una generosa dote de mil ducados.
En una habitación oscura, Camilo se niega a soportar su ceguera. De repente, abre la persiana metálica de la linterna que trajo. La luz de la vela encendida ilumina el rostro asustado de Leonarda. El joven reconoce la belleza y se disculpa fervientemente por su carta matutina.
Despertados por el ruido de voces, Lucencio y sus sirvientes llegan. Su tío está indignado por la presencia de un extraño en los aposentos de su sobrina. Camilo pide la mano de Leonarda. Lucencio, visiblemente aliviado, acepta la propuesta, liberándose así del lío de lidiar con su prometido, Rosano, de la capital.
El paje Urbano anuncia su inminente boda con la sirvienta Marta. Los tres pretendientes nocturnos entran en la casa a la luz de antorchas encendidas y finalmente admiten la derrota. Los nobles desean a los recién casados largos y despreocupados años de matrimonio. La obra termina con una reconciliación general entre los personajes.
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