"Más allá de la línea" de Rex Stout, resumen
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El cuento "Más allá de la línea" es uno de los primeros relatos de Rex Stout, conocido por ser el creador de la serie de detectives Nero Wolfe. Es una historia íntima sobre una sola noche en la vida de una viuda adinerada de Nueva York, que abarca una década de amor no correspondido.
Agatha Rossington se despierta la mañana de su trigésimo primer cumpleaños en un apartamento de West End Avenue. Acostada en la cama con una taza de chocolate caliente, reflexiona sobre los años pasados sin mucho placer. Su matrimonio con Sam Rossington fue una ganga: ella obtuvo dinero y comodidades, él una esposa. Sam murió de una fiebre contraída en un festival en La Habana, y Agatha, según admite ella misma, incluso lo extrañó.
Entre los recuerdos que la atormentan está la imagen de un tal John Carter, pálido y sufriendo. No sabe si puede borrarlo de su memoria.
En una conversación con su doncella, Jeanie, Agatha se queja de la soledad y del vacío de su círculo social habitual. Le pide a Jeanie — llamándola en broma "la gran visir" — que piense en cómo pasar el día. Jeanie sugiere algo inesperado, y Agatha, inspirada, decide por primera vez en su vida intentar hacer feliz a otra persona.
La fila en la calle Décima
A las once y media de la noche, Agatha y Jeanie suben a una limusina y se dirigen a la calle Décima con Broadway. Allí, en la esquina, en la oscuridad y el viento frío, una fila de ochenta o noventa personas con ropa andrajosa esperan la medianoche para conseguir pan y café caliente.
Ágata le explica su plan al policía de turno. Este anuncia a la fila que una mujer está celebrando su cumpleaños y repartiendo dinero. Ágata recorre la fila, entregando a cada persona un billete nuevo. Por primera vez en su vida, experimenta algo parecido a la verdadera felicidad: las lágrimas de gratitud en sus rostros exhaustos la abruman.
A tres cuartos de la fila, mira a la cara de la siguiente persona y retrocede. John Carter está frente a ella.
Reunión
Agatha se recompone, le entrega una factura y le susurra que la invita a su casa esa noche. Carter se niega al principio, pero al ver su desesperación, accede y toma la dirección.
Al regresar a casa, Agatha lo espera durante más de media hora. Cuando Carter finalmente aparece, la luz brillante revela lo desaliñado que está: un traje raído que no le queda bien, zapatos desgastados, un sombrero arrugado. Pero su rostro — una barbilla cuadrada, mejillas hundidas, ojos gris acero con un brillo amargo y burlón — hace que todo lo demás se desvanezca.
Carter dice que solo vino a evitar que hiciera una estupidez: estaba loca y podría haber causado problemas. Le pregunta directamente: ¿Qué busca, curiosidad o lástima?
Agatha se arrodilla ante él, se presiona contra su hombro y admite que nunca lo ha olvidado y que siempre lo ha amado.
La respuesta de Carter
Carter apenas se contiene. Se pone de pie, la aparta y le dice que una vez quiso lo mismo, pero que ya es demasiado tarde. El hombre que necesitaba murió hace diez años, y ella sabe quién lo mató. Dice que son demasiado diferentes, que se odiarían en una semana, que el pasado no se puede restaurar. Niega amarla o sentir lástima por ella, y dice que sus sentimientos son una mentira: una añoranza del pasado, un intento desesperado de convertir los sueños en realidad.
Carter se va. Agatha se levanta con dificultad y ve un billete en el suelo, el mismo que le entregó en la fila. Dejó el dinero.
Llama a Genie y, mirando el papel, dice las últimas palabras de la historia: «Podría habérsela llevado, después de todo», dijo en voz alta, lastimera y perdida. «Podría habérsela llevado, al menos».
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