АД Сгущено всё в темноту вне света – Шевеленье тел, и стон, и скорбь. Символов избыточно, и это Утверждает – суд не будет скор. Скрученность и скученность пыланья, И в себе любой несёт сие. Ад – как низ души…иль колыханье В тех слоях, что портят бытие. Ад – как место. Сколь оно возможно? Удаление от Бога нас. И волнуясь ты живёшь, тревожно, Кое-как свой для и для рассказ.
Aquí se observa una escena de marcado dramatismo, ejecutada en blanco y negro con un detallado tratamiento del grabado que acentúa la textura de las rocas y el volumen de las figuras. El espacio se divide claramente entre dos planos: uno inferior, ocupado por un grupo de almas sufrientes sumergidas parcialmente en agua turbia, y otro superior, donde una figura femenina resplandece sobre una roca prominente, iluminada por una luz casi sobrenatural. La composición es piramidal, con la mujer como vértice. Su postura, aunque aparentemente serena, denota una cierta distancia respecto a los personajes que la rodean. Viste una túnica blanca y vaporosa que contrasta fuertemente con el entorno rocoso y sombrío, sugiriendo pureza o quizás un estado de gracia inalcanzable para aquellos que se encuentran en la parte inferior del plano. Un hombre, presumiblemente el narrador, se encuentra a su lado, observándola con una expresión de asombro o compasión. El grupo de almas en la base exhibe signos evidentes de sufrimiento: gestos de desesperación, rostros contorsionados y posturas encorvadas. La presencia del agua, que los cubre parcialmente, podría simbolizar el peso de sus pecados o una purificación impuesta por su destino. La desnudez de algunos de ellos acentúa su vulnerabilidad y la pérdida de dignidad. El diálogo citado en el título –“¿No me debes muchos favores? –Oh sí, maravillosos.–”– introduce un elemento crucial para comprender la escena. La mujer parece responder a una deuda, sugiriendo una relación compleja y posiblemente conflictiva con el hombre que la interroga. La naturaleza de estos favores no se explicita, pero la connotación es inequívoca: implica una transacción, una obligación moral o incluso un intercambio sexual. Subyace en esta representación una reflexión sobre la redención, el castigo y la naturaleza del amor y la lealtad. La luz que emana de la figura femenina podría interpretarse como una promesa de salvación, pero también como una separación definitiva entre ella y aquellos que languidecen en las tinieblas. La composición refuerza esta dicotomía: la elevación física de la mujer simboliza su ascensión espiritual, mientras que el grupo inferior permanece anclado a un destino de sufrimiento. La técnica del grabado, con sus líneas finas y contrastes marcados, intensifica la atmósfera opresiva y contribuye a la sensación general de tragedia y desesperanza.
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It-s Thais the prostitute who answered at the words of her lover -Don-t you owe me lots of favours- -Oh yes wonderful ones.- — Gustave Dore
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АД
Сгущено всё в темноту вне света –
Шевеленье тел, и стон, и скорбь.
Символов избыточно, и это
Утверждает – суд не будет скор.
Скрученность и скученность пыланья,
И в себе любой несёт сие.
Ад – как низ души…иль колыханье
В тех слоях, что портят бытие.
Ад – как место. Сколь оно возможно?
Удаление от Бога нас.
И волнуясь ты живёшь, тревожно,
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La composición es piramidal, con la mujer como vértice. Su postura, aunque aparentemente serena, denota una cierta distancia respecto a los personajes que la rodean. Viste una túnica blanca y vaporosa que contrasta fuertemente con el entorno rocoso y sombrío, sugiriendo pureza o quizás un estado de gracia inalcanzable para aquellos que se encuentran en la parte inferior del plano. Un hombre, presumiblemente el narrador, se encuentra a su lado, observándola con una expresión de asombro o compasión.
El grupo de almas en la base exhibe signos evidentes de sufrimiento: gestos de desesperación, rostros contorsionados y posturas encorvadas. La presencia del agua, que los cubre parcialmente, podría simbolizar el peso de sus pecados o una purificación impuesta por su destino. La desnudez de algunos de ellos acentúa su vulnerabilidad y la pérdida de dignidad.
El diálogo citado en el título –“¿No me debes muchos favores? –Oh sí, maravillosos.–”– introduce un elemento crucial para comprender la escena. La mujer parece responder a una deuda, sugiriendo una relación compleja y posiblemente conflictiva con el hombre que la interroga. La naturaleza de estos favores no se explicita, pero la connotación es inequívoca: implica una transacción, una obligación moral o incluso un intercambio sexual.
Subyace en esta representación una reflexión sobre la redención, el castigo y la naturaleza del amor y la lealtad. La luz que emana de la figura femenina podría interpretarse como una promesa de salvación, pero también como una separación definitiva entre ella y aquellos que languidecen en las tinieblas. La composición refuerza esta dicotomía: la elevación física de la mujer simboliza su ascensión espiritual, mientras que el grupo inferior permanece anclado a un destino de sufrimiento. La técnica del grabado, con sus líneas finas y contrastes marcados, intensifica la atmósfera opresiva y contribuye a la sensación general de tragedia y desesperanza.