Paul Klee – Rose garden, 1920, 49x42.5 cm, Lenbachhaus, Munich
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ПАУЛЬ КЛЕЕ
Мир детский, радостно-цветной…
Плывущая по небу рыба.
Мерцают дуги синевой,
Вот золотистые изгибы.
Вот радуга разбита на
Кусочки – только не поранься.
В портфель засунем времена,
А нет – тогда в пределы ранца.
Сгинь серо-скучное скорей –
Не медля отступай, плохое!
Переплетение идей
Дано как поле цветовое.
И пчёлы золотых цветов
Сознанья пролетают мимо.
И жизнь всей суммой наших снов
Роскошна и неповторима.
No se puede comentar Por qué?
La paleta cromática es rica y vibrante, con pinceladas densas que crean una textura palpable. Se aprecia una sutil gradación de colores, desde los rojos más intensos hasta los rosas pálidos y los amarillos terrosos, generando una sensación de profundidad ilusoria a pesar de la falta de perspectiva lineal.
Un elemento recurrente en la composición son las representaciones estilizadas de rosales. Estas flores, con sus pétalos concéntricos y tallos verticales, se insertan estratégicamente entre las formas geométricas, aportando un contrapunto orgánico a la rigidez estructural del conjunto. Los rosales no parecen integrarse naturalmente en el paisaje; más bien, son introducidos como elementos decorativos o simbólicos que contrastan con la frialdad de la arquitectura.
La disposición aparentemente aleatoria de los bloques geométricos y las flores sugiere una visión subjetiva y fragmentada de la realidad. El autor parece interesado en explorar la relación entre la forma, el color y la perspectiva, desafiando al espectador a reconstruir un sentido coherente del espacio.
Más allá de la representación literal, esta pintura podría interpretarse como una reflexión sobre la modernidad urbana, con su fragmentación espacial y su deshumanización. La yuxtaposición de elementos naturales (los rosales) y artificiales (las formas geométricas) podría simbolizar la tensión entre el hombre y la naturaleza en un contexto industrializado. También se puede percibir una cierta melancolía o nostalgia subyacente, como si el artista lamentara la pérdida de la armonía natural frente al avance del progreso tecnológico. La repetición de los rosales, a pesar de su artificialidad, podría interpretarse como un anhelo por la belleza y la vitalidad que se perciben amenazadas.