Part 2 National Gallery UK – Follower of Duccio - The Virgin and Child with Four Angels
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En el catálogo electrónico de pinturas del sitio web de la Galería Nacional, la obra La Virgen con el Niño y cuatro ángeles (The Virgin and Child with Four Angels), fechada alrededor de 1305 (número de inventario NG6386), se atribuye a Ugolino di Nerio (documentado entre 1317 y 27; falleció posiblemente en 1329). No está expuesta en las salas de la galería.
¿Dónde reside la verdad?
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El Niño Jesús se encuentra en su regazo, sosteniéndolo con una ternura contenida. Su mirada es directa, casi inquisitiva, mientras que la Virgen inclina ligeramente la cabeza hacia él, mostrando un gesto de afecto maternal y reverencia. La postura general de ambos personajes transmite serenidad y recogimiento.
Enmarcando a la Virgen y al Niño, cuatro ángeles se disponen simétricamente a cada lado. Sus alas, delicadamente representadas, sugieren una conexión con el reino celestial. Cada uno sostiene un objeto: dos parecen portar libros o pergaminos, mientras que los otros sostienen lo que podrían ser instrumentos musicales o elementos rituales. La disposición de los ángeles refuerza la sensación de orden y armonía que impregna la obra.
El fondo, delimitado por una cortina roja con detalles dorados, crea un espacio simbólico que separa a los personajes del mundo terrenal. La luz, aunque uniforme, resalta las figuras principales, otorgándoles mayor protagonismo. La técnica pictórica revela una cierta rigidez en el dibujo y una falta de naturalismo en la representación de las formas, características propias de la pintura sienesa temprana.
Subtextualmente, la obra parece enfatizar la maternidad divina y la intercesión de María ante Dios. La presencia de los ángeles refuerza la idea de la divinidad y la protección celestial. La riqueza del trono y la vestimenta sugieren el honor y la veneración que se le deben a la Virgen. A pesar de su aparente sencillez, la pintura transmite una profunda espiritualidad y un mensaje de esperanza y redención. La composición, aunque formal, invita a la contemplación personal y a la devoción íntima.