Hermitage ~ part 10 – Ruisdael, Jacob van ai - Waterfall in Norway
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El paisaje circundante se presenta como un entorno agreste y salvaje. Un bosque denso, con árboles de follaje oscuro y texturizado, enmarca la escena a ambos lados del torrente. La vegetación es abundante, pero no exuberante; más bien, sugiere una naturaleza indómita, poco intervenida por la mano humana. En el plano medio, se distingue un grupo de figuras humanas y animales – presumiblemente pastores con su ganado – que aportan una escala relativa a la inmensidad del entorno natural. Su presencia es discreta, casi integrada en el paisaje, lo que refuerza la idea de la pequeñez del hombre frente a la grandiosidad de la naturaleza.
El cielo ocupa una parte significativa de la composición y está representado con una atmósfera dramática. Nubes oscuras y amenazantes se acumulan, sugiriendo un clima inestable y posiblemente tormentoso. La luz que se filtra entre las nubes ilumina selectivamente ciertas áreas del paisaje, creando contrastes marcados y acentuando el dramatismo de la escena. Esta iluminación no es uniforme; más bien, parece fluctuar, contribuyendo a una sensación de movimiento y cambio constante.
En el extremo derecho de la pintura, se vislumbra una edificación rústica, probablemente una cabaña o refugio, incrustada en la roca. Su presencia introduce un elemento de domesticación en este paisaje salvaje, aunque su tamaño reducido y su integración en el entorno sugieren que está subordinada a la fuerza de la naturaleza.
La pintura evoca una serie de subtextos relacionados con la relación entre el hombre y la naturaleza. Se percibe una reverencia por la grandiosidad del mundo natural, así como una conciencia de la fragilidad humana frente a sus fuerzas. La atmósfera melancólica y contemplativa que impregna la escena sugiere una reflexión sobre la transitoriedad de la vida y la inevitabilidad del cambio. El paisaje no se presenta simplemente como un escenario visualmente atractivo, sino como un espacio cargado de significado simbólico, donde el hombre es testigo silencioso de la eterna danza entre la creación y la destrucción. La composición invita a la introspección y a una consideración profunda sobre el lugar del ser humano en el universo.